23.10.07

celo


Quemarlo todo, incendiar la casa y prenderla en llamas tan grandes y obscenas que imprecaran a los justos. Y también a Violeta, lectora de Salmos, escurridiza bestia que evade su cama. Aún así, la rabia no lo deja actuar. Prefiere tomar papel y lápiz. Escribe una carta. No lo hacía desde mil novecientos ochenta y nueve. Encuentra un paquete de sobres viejos. Introduce la hoja firmada dentro de uno y luego lo cierra en absoluto silencio.

(El deseo en llamas reducido a letras dibujadas en una hoja de papel usando el lápiz empuñado en la mano que tiembla de deseo contenido en un sobre depositado en el buzón colocado en una oficina postal con olor a húmedos los ojos mientras regresa a casa).

Abre la puerta. Toma una silla, la pone frente a la ventana y se sienta a esperar. Se aburre. Se esconde bajo la cama. Todo es sombras en la casa a excepción del hilo brillante de luz que se cuela por la ventana. Dentro, a pasos tardos, el haz deforma con su calor la fotografía de Violeta, esa escurridiza bestia, que allí lo abraza. Sale hacia el patio; pero estornuda. Entra a la casa. Sobre el comedor, sobre el piso, sobre la sala, sobre la televisión, sobre los sobres, invadiendo el espacio, filas de hormigas marchan amenazantes. Entra en pánico, se aterra. Y toma un fósforo (sólo el fuego purifica).

15 comentarios:

Ulysses dijo...

Hola:
Muy buen relato, y la conclusión sólo el fuego purifica....
Saludos

Julio Roberto Prado dijo...

Gracias, Ulysses. Eso de "sólo el fuego purifica" me parece que lo leí en Sobre Héroes y Tumbas, de Sábato. Me ha obsesionado años, pensar en eso. Bueno, a decir verdad soy una especie de maniático que acumula frases. Agradezco que me leas, pero sobre todo que comentes.

manly dijo...

En esta ocasión mi comentario irá dirigido a lo que a mi me ha resultado estéticamente, cosa que reclamabas en el anterior post.
Me ha gustado, sí señor, porque me ha resultado directo, has sabido llevar la narración sin perderte en detalles más que los justos para que conozcamos más allá de lo que transcurre, para que conozcamos lo que pasa por la mente del protagonista. Es una historia escrita entre líneas, lo que leemos no es la historia principal sino las consecuencias de lo que verdaderamente está ocurriendo: un hombre que padece de males de amores y como único remedio a tanta desesperación "el fuego".

Ana (...) dijo...

Esa fila de hormigas me llevó a Dalí y a esa descomposición que parecen transmitir... creo que al personaje del texto le arde loquesea por dentro y aunque lo exponga en letras no es suficiente, el mismo silencio le lleva al fósforo de nuevo...no se, pero es la sensación que me dejó.

Cecilia dijo...

Hola Julio Roberto, la fila de hormigas me hizo recordar a Gabriel García Márques y sus "Cien años de Soledad". La revelación del poderio de las diminutas hormigas coloradas capaces de devorar la voluntad del hombre en una situación de caos.

Cecilia dijo...

Fe de erratas
Cometí un error. Con el apellido de un genio como Gabriel García Márquez, no puede haber errores.(se me escapó la s en el Márquez)

Julio Roberto Prado dijo...

Manly: agradezco que tomaras en cuenta mi petición (que no reclamo que suena más imperativo) sobre todo porque la intención de escribir en el blog es experimentar con mis escritos. Me alegra que te haya gustado, especialmente porque al igual que muchos de quienes amablemente comentan mis escritos, me parecen geniales escritores. No me gustan los cuentos con demasiados detalles, no soy barroco en la literatura.

Ana: tus poemas son geniales. A mí, como no se me da la intensidad del verso, trato de encausar la emoción en la narrativa, que usualmente es más cerebral. Y los celos son intensos. Yo debo confesar a toda honra que no lo soy, en la relación de pareja. Pero, comprendo el sentir de quien sí lo es. Como dice la tonadilla, los celos tienen la culpa de tanta cosa cobarde...

Cecilia: no te preocupes, lo de teclear permite descuidos. Ahora lo de la analogía, me parece demasiado pesado, y lo digo con la mayor de las modestias. Pero te lo agradezco.

A todos y todas: los veo en sus blogs.

Buttercup dijo...

Lo he leído y me ha gustado mucho,cuántas sensaciones se nos agolpan cuando escribimos y enviamos una carta...
Un saludo.

anamorgana dijo...

ENCONTRE TU BLOG POR CASUALIDAD, ME HA GUSTADO TU RELATO, DIRECTO Y SIN PERDERSE.Cuanto hace que no escribimos o recibimos una carta personal? Cierto el fuego purifica pero tanbiém destruíetodo sin contemplaciones.Me gustaria que un fuego purificador quemara toda mi vida pasada y renacer de nuevo.
un saludo anamorgana

Julio Roberto Prado dijo...

buttercup: no recuerdo exactamente cuándo fue que escribí mi última carta. Ni tampoco a quién. Recuerdo que me gustaban mucho las cartas, eso sí. Depositarlas en el buzón de la oficina central de correos, dentro de un edificio cuya belleza perdura hoy. Me gustaría volver a escribir cartas.

anamorgana: además de escribir cartas, me gustaba recibirlas. No sé si quemar el pasado sea posible. Es el pasado el que nos quema a nosotros.

ricardo flores dijo...

El fuego de Violeta es un poco la pasión literaria: se enciende y se apaga escribiendo cartas y matando hormigas.
Saludos,
RF

Ana (...) dijo...

Regreso aqui de nuevo y tras leerte creo que entonces no entendí, o bueno: no entiendo.

Ana (...) dijo...

Regreso. Acabo de encontrar a Dalí por ahi abajo, :-), ya veo que no queda muy lejos de lo que pude apreciar, permíteme que te robe ese link, es algo que me supera, me lo llevo. Mil gracias.

Julio Roberto Prado dijo...

Violeta es un conjunto de brazas encendidas. Son suyas las letras que los árabes trajeron en carruajes. Y sus cocheros se convierten en profetas. Violeta es la flama, el incendio que quema a quien no le quiere bien, porque quien sus ojos rechaza, arde.Las hormigas están siempre allí, esperándote. Entre las sombras, porque la luz es sólo para Violeta, la flama, el incendio, las horas escribiendo. Escribir es siempre redactar una carta sin retorno. O bien puedes esperar una carta devuelta y mientras, es cierto, matas hormigas tras las sombras.

Ana (...) dijo...

Vale, ya lo entiendo, perfecto.