3.10.07

The absence like a good-bye


Los cielos despejados de enero nos parecían demasiado fríos y una estratagema nos propusimos: abandonar sin más aviso que nuestra ausencia esta ciudad hostil para las buenas intenciones. Y huimos —¿amor te acuerdas?— en un auto que no era nuestro y pasamos entre desiertos donde la arena nos hizo probar el sabor de la tierra, seca y sin frutos, hasta llegar a tierras más ubérrimas, donde las plantas nos antecedían en años. Una habitación en un hotel en tierra de ladrones de mar fue la que nos guardó esa noche y al día siguiente, cansados de tanto sexo salimos rumbo hacia la nada. Llegamos a una encrucijada donde giré hacia la derecha (siempre hago lo mismo) y nos encontramos, sin quererlo, ni presentirlo, ni planificarlo, en la obscenidad de una playa desnuda, donde entre el agua, nos reíamos de todo, como si en realidad las cosas y la gente que conocíamos fueran parte de una estúpida comedia: los asesinos, los ladrones, los funcionarios públicos borrachos de negligencia, y nosotros, el único público cuerdo y con posibilidades de abandonar la función. Hasta que cayó el sol y regresamos a nuestra habitación, donde nos volvimos a cubrir con las mismas sábanas que todavía olían a nuestras caricias.

3 comentarios:

elisa dijo...

no está mal. le falta una pizquita de sal de la comedia dolorosa de BEETHWEN, Prado amigo. no está mal.
no soy ana.

Prado dijo...

no querida, no eres Ana. besos te doy, más no como los de Ana. Todos mis besos son de Ana. Todas mis cartas, todo.

SuB-UrBaNa dijo...

Vaya, qué carajo. No puede ser.