19.12.10

Especial Navideño.

Mis buenos amigos de Magacín, me invitaron una vez más a publicar un cuento navideño en su revista. Eso me hizo feliz. Siglo XXI me ha cedido espacios desde hace ya largos siete años. Y la relación cada vez va mejor: este año, se les ocurrió que diez escritores guatemaltecos formuláramos  nuestra versión de Santa Claus. Entre otros también publican, mis buenos amigos: Wendy García, Juan Pablo Dardón, Gabriel Arana, Carmen Lucía   Alvarado, Oswaldo Hernández y el Verde, Braliem Jousc. 
Les dejo el link que lleva a mi cuento, que les aseguro, disfruté escribiendo. Salud. 

15.12.10

Feliz Cumpleaños Heat


*Imagen de Michael Mann: Vincent Hanna y Neil McCauly, conversan en un café.

El Génesis.
En 1995 yo tenía dieciséis años y era un cinéfilo bastante errático. Pero quiero ser más específico: el 15 de diciembre de 1995 yo seguramente estaría viendo una porno. O quizá no. Ese año, ahora lo recuerdo, formaba parte del equipo de natación y trabajaba ad honorem, en una empresa de cómputo. Vaya adolescencia.
Ese mismo día, estrenaban Heat en los Estados Unidos. Sobre la alfombra roja, habrán caminado juntos Al Pacino y Robert De Niro. También Michael Mann. A los tres los he nombrado mis profetas. Su método: la revelación.
Para el estreno de la película, yo era un vago. Seré honesto: un año antes, me habían expulsado del colegio por liderar una banda que mediante métodos alternativos, le asignaba mejores calificaciones a los alumnos que habían perdido.
Como a mí no me iba mal en las clases, nunca tuve que hacer uso de mi propio servicio. Digamos que para mí aquello era más bien una digresión poética, como lo fue en su momento, prender en llamas los cuadernos de dos alumnos rematados, mientras les recitaba mi manual para ser un tipo listo sin convertirme en un mamón. También vi Heat y me pareció una película genial, pero no tenía muy claro por qué.
La Revelación
Haré una pausa con mi historia escolar. También un salto de cinco años: En el 2001, tendiendo casi veintidós, fui contratado por el Ministerio Público como parte de su personal administrativo. Ingresé a una Fiscalía poco complicada, bastante teórica, algo que agradecí en mis años de universidad. Sin embargo, en el 2006 la historia cambió radicalmente. Fui solicitado por la Fiscalía de la Niñez Víctima.
Durante un año y medio investigué violaciones de niños y niñas. Mi hijo acababa de nacer. Supongo que ese momento fue clave en mi vida. Los largos días que pasaba entrevistando a las víctimas, imaginando cómo pudieron haber abusado de ellos para buscar mejores pruebas hicieron mella en mí. Y nunca volví a ser el mismo. 
Supongo que una parte de mí todavía viaja entre esas historias. O entre sus preguntas: ¿señor, por qué cree que dios me dejó vivir? ¿por qué cree que dejó que mi papá me violara? ¿Cuándo me voy a morir?
El Advenimiento
Voy al 2007, el primer gran caso de Trata de Personas por adopciones irregulares había empezado en un allanamiento que yo dirigí. Además el tema tuvo un estallido mediático. Crearon una unidad especializada y me pidieron formar parte de ella. Y hasta la fecha sigo aquí.
Durante todo este tiempo, he visto la película unas treinta veces. Lo digo sin vergüenza. Soy un declarado fan. He tratado de resumir tantas veces el por qué me gusta y jamás he podido llegar a una conclusión que me deje completamente satisfecho.
Me explico: la película trata sobre la miseria humana. Y de cómo nos vemos atraídos por esa miseria, llenándonos de ella hasta el punto de desear  inyectárnosla en el antebrazo.
Se trata de dos versiones de la misma persona: la que lidia con el desastre. Por un lado, un frío, inteligente y exacto criminal, interpretado por De Niro y por el otro, un explosivo, histriónico y complicadísimo jefe de la sección de robos y homicidios de la Policía de los Ángeles interpretado por Pacino.
He tomado de los dos. Quizá más de Pacino, obviamente, por mi trabajo como fiscal. Pero la ética del personaje de De Niro en la película, es aplicable a mi vida también.
Ningun personaje en la película queda inconcluso. Es la primera fotografía desde todos los ángulos posibles que se ha tomado de la angustia. Y uno ve todos los planos en las casi tres horas que dura.
Los apóstoles
Ambas vidas, la de Neil, el cabecilla de la banda criminal mejor organizada del cine y la de Vincent Hanna, la más fiel representación de un investigador entregado a su trabajo, son una línea que los tiene a ambos en sus extremos opuestos. Esa línea se llama violencia, poder y dolor; la que uno elija. Es tan fuerte, tan intensa, tan brillante, que ilumina al resto de personajes.
Hablo de Justine, la esposa de Hanna, por ejemplo. Con mi propio fracaso matrimonial a cuestas,  puedo dar fe de su veracidad. Teniendo un trabajo poco común, Hanna, ha querido tener una familia. Lo ha intentado varias veces; pero con ella, también fracasa. Hay peleas constantes por la falta de atención de Vincent a la vida matrimonial.Y Justine tiene razón. 
Un diálogo que lo ejemplifica de manera acertada es el que sostienen cuando Hanna la dejó en medio de una cena de amigos. Ella pasa horas esperando en el restaurante y cuando Vincent finalmente aparece, luego de haber ido a recoger el cadáver de una chica con el cráneo triturado, recibe el necesario reclamo de su esposa: por qué no puedes intentar tener una vida con más tiempo para los dos. Por qué no puedes compartirme algo de tu vida, que me cuentes de tu dolor, le reclama. Él, le responde, y lo cito libremente, "Claro, cariño, voy a ser de esas parejas, que cuando llegan a casa tienen momentos para compartir: te diré, hola mi amor, quiero compartirte algo; hoy en el trabajo vi el cadáver de un recién nacido, que sus padres drogadictos metieron al microondas porque lloraba demasiado, te lo comparto mi amor; estás equivocada."
Justine no se da por vencida y le devuelve una puñalada (sigo citando libremente y estoy seguro que me equivoco): tú no eres el tipo con el que me casé,  eres sólo los restos. Te mantienes caminando entre los cadáveres que has visto y vives respirando la muerte. Toda la gente que te quiere, sólo somos el desastre que vas dejando a tu paso. Fin de la escena. Fin del matrimonio.
El mío fue más o menos igual. Y así algunas otras relaciones que he tenido o al menos intentos de tenerlas. Llamadas a media noche, operativos que duran 36 horas seguidas. Fiestas a las que no fui, cumpleaños, bodas, qué se yo, uno recibe una llamada de alguien que le cuenta que su esposo está en la morgue muerto, en plena crisis de llanto y al colgar, uno no puede simplemente seguir picando la verdura para la sopa que le prepara a su familia. Uno no puede, de verdad que no. 
Así podría mencionar a cada uno de los personajes pero creo que no acabaría nunca. Llevo quince años viendo continuamente la película y siempre le encuentro algo nuevo. Supongo que estoy jodido.
Los complementos
Armado de una fotografía impecable, con el mejor guión que he visto para una película de acción, Michael Mann hizo a mi juicio su obra maestra. Una que no ha podido ser superada en estos tres lustros. Coinciden conmigo, la mayoría de críticos. Es más: la escena del robo de banco que aparece en el film, sigue siendo para todos la mejor escena de acción que jamás se haya filmado.
Pero Heat va mucho más allá de eso. La película habla de mi vida. De cómo cuando uno es expuesto al dolor intenso, uno se convierte en otro. Y de cómo uno se va volviendo adicto a esa sensación. Nada más intenso. Nada más turbio. Un mar picado que no deja ir marcha atrás. Aunque uno tenga claro que el naufragio es seguro.
El hundimiento tendrá un sountrack impecable. La música de los ahogados durante el film, es siempre la más exacta. Es más: la escena final, que sucede en el aereopuerto, tiene una de las piezas mejor realizadas por Moby. Dios moviéndose por sobre las aguas, que así se llama, nos dibuja nuestra alma en pleno abandono.
Sólo la muerte le trae la calma a los personajes. La vida, para ellos, es siempre salvaje. Yo lo entiendo a la perfección. Han matado a cuatro de mis más cercanos colegas en estos nueve años que llevo de trabajar para el MP. Me han amenazado e incluso me dispararon una vez. Pero no puedo parar. De verdad que no.
Qué más da: todos vamos a morir. Pero yo, mis queridos amigos y amigas,  puedo elegir por qué y les aseguro que yo no planeo morir de vejez.
Como Neil, soñando con un mar lleno de algas luminosas, en una ciudad enorme que lo hizo sentir solo; como Hanna tomándole la mano mientras se va; Voy a seguir queriendo  tanto, que podría entregar mi  vida sin dudar. Así quiero vivir. Así quiero morir. Lo demás solo son datos que me han dejado de interesar. 

*Pueden comprar la película con el Buki. 
** Pueden conseguirla en Blockbuster. 
*** No sé cómo la consigan, pero tienen que verla. 

11.12.10

Manifestación Pública

No son buenos tiempos para los soñadores. La realidad nos apunta con toda su artillería. En el silencio de mi casa, he visto a mis vecinos asistir al funeral de sus sueños. Sin embargo, en las calles donde los niños juegan a disparar, sigue amaneciendo. Un esplendoroso sol ilumina las habitaciones oscuras de los hijos ausentes. La televisión nos grita familia y yo sólo puedo responder ausencia. Hay un cielo inmaculadamente azul. En las calles todo son manchas de tinta desdibujándose. Cuando se borren las palabras que nos nombran, sólo quedará nuestra imagen: unos pequeños con mirada de asombro y ese día, celebraremos. 
Esta noche, el cielo arderá con la fiebre de la pirotecnia. Es una liturgia para los pobres marchar desde sus casas, desde los barrios duros, hasta el mejor puesto. Yo los he visto, he caminado con ellos, para ver sus sonrisas incompletas de dientes, iluminarse con el rojo brillante del cielo.
Si algo quisiera es que todos pudiésemos volver a ser niños y oír nuestro corazón latir, siguiendo la música de una canción que salga de voces nuevas, mientras jugamos a una ronda donde el tiempo tenga prohibida la entrada.
Borrar nuestra tristeza, recibir todos los abrazos perdidos, darnos todos los besos como si fueran el último o el primero, como si sentir fuera la única opción.
Que la razón sea  descubierta en toda su cobardía, como el dedo que acaricia el gatillo, del arma que apunta a nuestros sueños.  

4.12.10

Lección segunda (pero no menos importante)

Alguna vez lo tuve todo y lo perdí en los naufragios. Alguna vez desperté teniendo una familia y me sentí el hombre más feliz y orgulloso que jamás haya pisado esta lona. Alguna vez levanté las manos en señal de victoria y todavía recuerdo cómo me alzaron en hombros para que viera a la multitud eufórica que me vitoreaba como si hubiese encontrado la cura del cáncer. Y si algo aprendí, es que por cada golpe que das, también recibirás otro y que el secreto de todo esto, es aprender a recibir los palos de la mejor manera, antes que acaben con tu sonrisa y te enceguezcan a puño limpio. Hoy siete casas más tarde, duermo sólo con dos azaleas en el balcón. Extraño mucho a mi hijo y sin embargo sé que está ahí, y que ese hermoso niño sabe  que su padre lo ama con la suma de todas sus derrotas; pero también de sus victorias. Eso  es más de lo que había imaginado. Más de lo que mi corazón creía capaz de sentir. Mucho más que todo lo que perdí.
Jamás me he dado por vencido; porque hasta en la derrota he encontrado la forma de sacar provecho.
Esta, madre, es la manera que me enseñaste a recibir los golpes.

*Imagen de Clyde Keller.