8.10.07

L'enfer, c'est les autres (el infierno son los otros)


¡Ah! ¿No sois más que dos? Os creía mucho más numerosas. (Ríe.) Así que esto es el infierno. Nunca lo hubiera creído... ¿Recordáis?: el azufre, la hoguera, la parrilla... ¡Ah! Qué broma. No hay necesidad de parrillas; el infierno son los Demás. Jean Paul Sartre, A Puerta Cerrada.

Si hace algunos años me hubiesen preguntado por el infierno, seguramente hubiese contestado de una forma sartreana y luego dado una bocanada a mi cigarro. Y es que cuando uno analiza la activa limitación que progresivamente implica ante el yo, la existencia del otro, la respuesta encuentra un fundamento mucho más básico que una estructura filosófica. En estos países en estado "salvaje" como tiene a bien nominarlos Mauricio Cruz, la existencia del otro presupone un encuentro rasposo con la realidad. Hemos de desconfiar los que habitamos esta ficción negra que es Guatemala, de todos y de casi todo. El miedo impulsa minuciosas investigaciones de quienes compartimos espacio y tiempo, hasta el punto de obsesionarnos el saber qué hace el vecino, con quién duerme, a qué horas come, con quién come y si quiere matarnos o robarnos. Tenemos que controlarlo todo. El trasladarnos implica siempre una amenaza: asaltos a buses, violaciones en los buses, comportamiento indecoroso hacia las mujeres, robo de autos, etc. Es un extenso menú este. Al final, eso de considerar la condena del alma la existencia de un igual, tiene un asidero casi insalvable en nuestro caso. Pero mucho más allá de eso, he de considerar mi propia rendición. He sido derrotado por el otro, y como buen estratega, me le he unido. Largas horas de contemplación filosófica y espiritual, fomentada por los vicios, me han conducido a afirmar que en sí, el universo, no es otra cosa más que el cuerpo místico de Dios. Soy panteísta y por lo tanto un hereje para el catolicismo en el que fui bautizado. Pero no puedo digerir una cosmovisión distinta. La única manera de soportar la hedionda realidad de mi prójimo es finalmente aceptando que somos parte de un mismo cuerpo divino y celestial (algo que requiere una explicación muchísimo más prolija que esta modesta entrada en mi blog); y que ese, quien me disgusta, es algo así como el dedo gordo del pie: velludo, informe y casi inútil. O bien, por qué no, el apéndice de Dios (hasta la fecha no se ha encontrado utilidad cierta a esa prolongación delgada y hueca, de longitud variable, que se halla en la parte interna y terminal del intestino ciego del hombre, igual que a muchas personas que conozco). No sé si he hecho bien en dar este giro en mi vida. De lo que sí tengo certeza es que me he quitado un gigantesco peso de encima. Viajo más ligero, lo siento. No arrastro conmigo el ancla del desencanto hacia la humanidad, sino más bien, extiendo las hermosas alas de la tolerancia y la paciencia. Aunque a veces eso sólo sea una aspiración mía y no una concreción vital.


6 comentarios:

manly dijo...

y ahora vengo yo, como venida de la nada y te pregunto infantilmente: el cambio espiritual en tu vida lo has dado por lo que se ve, por el ambiente que respiras, por el entorno donde estás inmerso. Sin embargo, ¿hubieses dado ese cambio viviendo donde vivo yo? un lugar donde los vecinos llaman a tu puerta si no te ven en dos días pensando que te puede pasar algo, una ciudad donde vas por la calle y sólo decir me duele aquí hay alguien que llama a un médico, un lugar donde los niños juegan en los parques mientras las madres conversan... es que el mundo es muy grande y según vivamos en un sitio u otro tenemos una visión distinta de lo que es la persona humana y su comportamiento.Pero esto último seguro que ya lo sabes tú.
Un saludo.

Ana (...) dijo...

Yo por mi parte tengo que decir que aun siendo consciente que esto me limita sigo teniendo una necesidad de control bastante grande, la entiendo como una maquinaria de defensa pero a la vez pesa en ocasiones aunque todavía no consigo llevarla al punto exacto y me pesa después de los acontecimientos... el temor de dios y ese infierno que pareciera caer sobre mi ya quedó atrás pero la inseguridad y esa necesidad de la que hablo aún me acompañan, por algo se empieza, no? al menos soy consciente de ello, :-)

manly tiene razón, yo por mi parte así lo entiendo ya que hay sitios donde no es necesario ese replanteamiento del que hablas... ((siento ahora que mi ignorancia no me da para opinar más allá))

Por otro lado tengo que decir que me quedo asombrada de que te sigan interesando mis letras y te dé que pensar, muchisimas gracias. Salu2.

Julio Roberto Prado dijo...

No lo sé Manly. Pienso en Thoreau y en Ortega y Gasset. El cómo las circunstancias modifican mi ser, y pienso, que de vivir en un sitio como el que tu vives, otras preocupaciones angustiarían mi ser. He encontrado que la belleza se aprecia mejor en el tormento de su pérdida, y me he dejado caer en la angustia y la melancolía como forma de pasar la vida. Quizás ahí donde tu dices, otras cosas me preocuparían, pero en realidad debo confesar que como buen platónico jamás estaré satisfecho con ser sino con la aspiración de la conversión hacia algo no alcanzado.Por lo tanto es muy probable que finalmente hubiese escogido ir hacia el mismo punto, sólo que por distinto camino.
Ahora bien, Ana, ese mecanismo de defensa es el que hay que desarmar. Porque te encadena a una codependencia maliciosa, que no te deja preocuparte por otras cosas más importantes como la belleza del mundo y sus imponentes maravillas. Te ciega, y eso es lo peor que te puede pasar ante un mundo tan hermoso. Gracias a ambas por leerme. Me siento conectado con el mundo...

javiertopokk2000 dijo...

de donde sacas los brios para juszgar altivo a tu entorno como si estuvieras fuera de el? en vez de ubicarte como testigo o consecuencia considero mas correcto que te ubiques como parte de tu (digamos) ecosistema. Eres parte de esa identidad que niega y se rebela, que habla del "otro", empero, no eres mas que la misma mezcla de arcilla con la que esta tu entorno construido. estoy en contra de adjudicarle un valor intelectualidad, uno que nos haga superiores. en mi punto de vista, nosotros los literatos, solo somos mas ingenuos. aquello que segun nosotros develamos en libros permanece ignoto en la dimension de la experiencia. es decir el conocer intelectual es completamente intutil en cuanto al actuar practico. dejen a la ignorancia ser: es completamente sabia!!. si fueras platonista, de verdad, como yo podrias apreciar el hecho de saber que no sabemos nada.

Julio Roberto Prado dijo...

javier: gracias por tu comentario. Debo confesar que estoy en permanente construcción. Me gustaría de verdad llegar a ser un platonista, pero una gran parte de mí se resiste a ser congruente. Tal vez me pegó demasiado esa idea de Ortega y Gasset, que te advierte huir despavorido ante todos los ismos, y no aceptar ninguno. O tal vez sólo sea una descarada inconsistencia de mi parte. No lo sé. Debo decir también que mi prioridad es ser feliz, como cualquiera, mucho más que ser intelectual o una especie de ente iluminado que flota por sobre la humanidad, es sólo que acá, donde vivo, cada vez hay menos espacio para estar contento. (he sido testigo presencial de tres asesinatos sin relación entre ellos, durante mis veintiocho años; me han asaltado infinidad de veces, seres queridos han muerto por el descuido de quienes deberían velar por ellos, la cosa está fea de verdad, mi respetable javier)

elisa dijo...

Curioso texto! ¿un dios panteísta?
no gracias. No me lo afees, anda. €s lindo mi niño dios, demasiado lindo para que en este universo envejecido que pretende saber más que él me le añadáis la fealdad dela vejez y otras fealdades más...no sé si me explico...
besos