23.8.10

Bicicleta

Las oficinas de la corte están llenas. Son oscuras y no lo digo como una forma de decir tristes, sino como una manera de decir terribles. No tienen suficiente luz, no hay ventilación, no hay baños. Hay bancas de madera apolillada, colocadas sobre los pasillos mal iluminados por lámparas de luz blanca, lechosa, que se derrama sobre los presos, los deudores, los despedidos, los cesantes, los agrios demandantes. Hay diminutos cubículos sin sentido con torres monumentales de papeles. Hay cuatro ascensores donde la gente sardina se sube y huele a democracia. Un ciego que saca fotocopias, un café que sabe horrible, un sótano con una mazmorra. Estoy yo, a las tres con diez, del viernes, esperando una audiencia, con los audífonos puestos; mirando de reojo a las señoras canosas, con vestidos largos, zapatos sucios y manos ásperas que aguardan por sus hijos engrilletados. Ellos suben del sótano a sus audiencias, para que les den la cárcel o la muerte en una acera, lo que venga primero y hacerse los rudos ante los abrazos de sus madres, sus hermanos, sus primos, las novias con pantalones apretados. Miran con desafío a los fiscales, como yo, da igual, no escucho nada, sólo la música en los audífonos; y ésta, es una tarde terrible: todos los presos tienen madres. Todos lloran. En las bancas, cubriéndose de lágrimas y de leche de luz blanca sucia, como luz de matamoscas. Tengo ganas de pasearme en bicicleta. De volar una cometa una tarde de domingo sintiendo el olor a pasto. De pensar en cómo será el mundo, cuando todos seamos niños. Pero lo dejo para otro día. Es hora de la audiencia.

18.8.10

En la víspera

Debería decírtelo: si algo tiene que permanecer en mí de ese martes, es nosotros en casa, viendo el jardín interior desde el auto. Música en la radio. Una sola gota de lluvia resbalando limpiamente por el vidrio del frente. Tú olor. El balcón. Las montañas cubiertas de nubes. Las canciones en portugués sonando hasta el infinito. Tú, entre mis manos. Mis manos llenas. Un aguacero haciendo sonar las láminas. Las hojas del árbol. Las enormes mariposas blancas volando hacia las lámparas naranja. Tu pelo cubriendo mi pecho. Tu corazón latiendo. Hondo. Algo permanecerá en lo más profundo de mí. Será algo tuyo. Pero no te lo diré. No será necesario: lo sabrás cuando me veas y te reconozcas en mis manos, y en la manera que digo tu nombre, cuando tu oído está cerca.

8.8.10

Nota al lado del reloj.

si el domingo te sorprende

pensando en flores naciendo de tu pecho

imaginando que las nubes grises

son atravesadas de golpe

por aviones enormes

volando hacia el polo contigo dentro

salva la tarde

y un hotel de un incendio:

llámala

Oficio de domingo.

Esto es un informe
dice que he pensado en ti
que veo tus huellas
impresas sobre el espejo
también he visto los labios
al lado de las manos
y por salud te digo
que he pensado en ti
y limpio el espejo

1.8.10

Si el domingo te encuentra pensando en flores naciendo de tu pecho


Odiaba las canciones que sonaban en la radio. Patéticas, eso eran. A penas me podía concentrar. Ideas violentas. Días duros. Soy un tipo rudo y en cinco minutos tiraré una puerta. No debo escuchar la música. Pilotos. Los choferes oyen esas cosas. Piensan en sus mujeres. Son tipos románticos e incomprendidos. ¿No puede cambiar la radio? pregunto. Y dice que no.
Rodrigo va adelante, con el piloto. Le pregunto: ¿alguna vez has ido a Izabal? Él me mira. Se ríe. Contesta: sí, una vez. Un amigo tiene una casa en Río Dulce. Me quedé a dormir en la hamaca. Nunca había visto tantas estrellas por la noche. Eran miles. Estaba oscuro. Me pasó algo increíble: a media noche, tres caballos salieron de la nada; pasaron corriendo a mi lado, a la orilla del río. Dos grandes y uno pequeño. Como una familia. Rarísimo.
Volvimos al silencio. Amo los caballos. Lo he dicho muchas veces. Me gustaría que el petróleo se agotara. Volver a los barcos de vela y los carruajes. Las calles devolvérselas a los equinos. Sin canciones cursis. Sin pilotos que extrañan a sus mujeres, mientras hablan de fútbol.
A veces siento como si la noche no terminara. Y que debería de huir en medio de la nada.