21.6.13

Nosotros, los que fuimos bautizados en fuego, abrazamos la noche como única patria.
Nosotros, los que hemos oído nuestros nombres en la boca de la muerte como un susurro que se le escapa tras una risa sardónica.
Nosotros, los que vivimos con las bestias en esta casa de sangre.

20.6.13

Cosas de señores que viven solos.

El otro día me percaté que tengo una habilidad bastante desarrollada para contarme chistes que me hacen gracia. También de que es algo que solo se le da a la gente que vive para adentro.

Mi Verapaz

Máquina de sueños y escalera.
Estoy celebrando el día del padre, nos decía el dueño de la cantina, evidentemente borracho. Perdía por un momento la solemnidad con la que lo dirige el lugar, también un poco de la autoridad moral con la que detrás del mostrador parece regir el destino de vivos y muertos en las mesas de madera alrededor de la rocola. Esta no era una noche ordinaria. Cerró la cantina solo para nosotros. Para soltar la confesión que el día del padre le encontró abstemio porque su calendario no le permitía otra cosa. ¿Cuál calendario? El hombre en un movimiento errático, sacó de la bolsa de su camisa un trozo de cartulina naranja, con treinta cuadros dibujados. Quince en cada cara. Eran los días del mes: en unos decía sí y otros no, éstos últimos estaban marcados con negro. El diecisiete de junio decía no. No importa si es el día del padre, dijo, este calendario se respeta. Tomemos otra cerveza, yo invito, pero rapidito porque solo me quedan quince minutos del día que sí. Así que bebimos con el vértigo del tiempo, el que mide un hombre solemne que dirige la cantina más entrañable de esta ciudad, dividiéndolo en los días en los que consume y los que no, con el ímpetu de un Kantiano irremediable, mientras al fondo sonaba La Cruda de Aguilar y afuera el mundo se deshacía en lluvia.

16.6.13

La vida

Tener el asombro y no disfrutarlo. Perder el asombro y no darse cuenta de su ausencia. Recuperar el asombro y contar todo desde ese sitio. Defenderlo. La vida.

7.6.13

Cirque du Soleil, Guatemala.

No soporté la tentación clasemediera y fui al Cirque du Soleil. Dos horas de fila rodeado de entes hegemónicos y un doble de Anthony Bourdain. El espectáculo inició con media hora de retraso. Por fortuna, abrieron con el número de los payasos. Luego, el show. Desde mi butaca, en las alturas, vi con detalle cómo el cuerpo del acróbata, del malabarista, está totalmente al servicio del mensaje. Esa capacidad que yo no tengo de decir cosas con cada músculo, de decirlas tan bien. Ellos interactúan con las leyes de la física de distinta manera, la gravedad y la inercia son sus páginas en blanco.
Aplausos a los artistas, en un Domo lleno y entusiasmado, con los oh y ah cada vez que alguien parecía estar a punto de caer. El único bache en ese viaje fue la música. Demasiado New Age hace daño. Luego uno sueña con Kitaro vendiendo gyros Yanni con marihuana en Colorado y despierta protestando contra la OEA coreando a Enya.

6.6.13

Malpensante de Abril

Malpensante, revista colombiana, publicó un texto que originalmente escribí para Plaza Pública. En la edición impresa quedó al lado de uno de Villoro. Buen vecino. Pueden leerlo acá en su versión digital:


Estoy cantando el blues del freelancero.

3.6.13

El predicador

En ciertas noches de tránsito del domingo a lunes, las más silenciosas, las de la pereza, escucho el batir de las alas de los ángeles oscuros que vendrán por mí. Son como el ruido blanco de los televisores en el vacío. 
Al día siguiente, veo la ciudad como es. Sus calles llenas de muertos en cada esquina. No los enterramos, no había suficiente tierra para cubrirlos del frío, les dimos el olvido. 
Pero el estruendo de las esquelas en cada esquina. 
Camino entre muertos y sin embargo predico la vida. No le temo a la muerte, esta ciudad me hace vivir con ella.