15.8.13

Feria

La otra mañana Dios era un nido para pájaros que no saben volar
se escondía en el follaje de un árbol fucsia creciendo sobre la arena. 
Es la feria de la ciudad y se le persigna en los cuatro ejes viales
con bombas que estallan en el estómago vacío del cielo. 
Anoche vi la ciudad vestida de neón
quise ser una mosca muriendo alada en su azul magenta
renacer feroz silencioso y pequeño. 
Esta ciudad quiere volver a nacer del vientre de una virgen. 
Trae puesto su vestido de sangre. 
Esta fiesta usa a los músicos sin manos. 
La partitura de esta ciudad fue hecha por sordos.
Hay un monumento a cada metal conocido por su filo cortando los parques. 
Guatemala es una bestia escondida debajo de mi cama. 
Esta ciudad me ofrece amor y muerte en la misma mano. 
Tomo lo que me ofrece
porque me muevo con la curiosidad de un niño. 
Tengo mis propias alas de mosca llenas de prismas. 
No necesito un nido. 
Todo en esta ciudad es atroz,
y nadie sabe dónde doblan las esquinas. 

11.8.13

Siempre ten una deuda, si quieres que te recuerden.

Las deudas son la única forma de trascendencia que tendremos, clasemedieros. Nada como la brutal correspondencia de las notificaciones de cobro a los ausentes. Un banco siempre nos recordará, una compañía de servicios y eso es todo.

8.8.13

Satanás Cabalga mi Alma, desde Luis Méndez Salinas.



Me reconozco aquí: las páginas ya no son páginas sino una pantalla blanca, titilante, que espera. Primero hay que ordenar las palabras, luego caminar nerviosamente con la vista fija en el teclado y, por último, escribir. Tomar postura, lanzar la ficha y esperar el resultado: cara o cruz, realidad o literatura.

Mucho se ha escrito ya sobre los delgados puentes que conectan “lo que se vive” con “lo que se escribe”. Difusas son las fronteras. Para muchos, la literatura no es más que el mecánico reflejo de las condiciones en que vive el escritor, de su momento histórico, de su realidad socioeconómica o de su referente cultural. Para otros, la escritura permite actos de creación pura, que se desligan radicalmente de cualquier circunstancia objetiva. Entonces, aparece la eterna lucha entre la verdad y la mentira, la realidad y la ficción.

En este contexto es que podemos situar la obra de Julio Prado (Guatemala, 1979), un escritor imprescindible dentro de la escena guatemalteca actual. Tal y como lo demuestra Francisco Nájera en su magistral ensayo sobre el “pacto autobiográfico” en la obra de Rafael Arévalo Martínez, el trabajo de Prado tiende a la construcción de un sujeto textual totalmente identificable con el autor. Sus textos nos llevan a conocerlo en su verdad más íntima, ya que no están escritos para pintar la realidad(construcción fría, lejana y sin sentido), sino para dejar constancia de la percepción muy particular que el autor tiene sobre su realidad.

Satanás cabalga mi alma es una brillante colección de relatos cortos que sorprenden por su efectividad, por su precisión, porque están escritos con bisturí. Nos encontramos ante un libro que va delineando, página tras página, una sucesión de escenas distintas que al fin de cuentas se amarran y conforman un solo paisaje: lo urbano. Existe un recorrido por los recovecos de esa ciudad externa (con sus oficinas, con sus autobuses pestilentes, con sus trajes y corbatas de bajísimos salarios) que poco a poco se mete bajo la piel, se asume como propia y se observa desde la óptica de este profesional de clase media que la sufre a diario.



A pesar de que el dibujo citadino que se bosqueja en los relatos basta por sí solo para configurar una obra literaria de gran calidad, Julio va más allá y comprende que ese paisajismo (posmo, pero siempre anacrónico) nada vale si no está acompañado de un retrato (más que retrato, radiografía) de esa “subjetividad” que se desarrolla en dicho espacio: su subjetividad. No es lo mismo abordar un bus urbano, que abordarlo con la más absoluta desesperanza; no es lo mismo escuchar al saxofonista de la 7a. avenida, que escucharlo con una tristeza brutal. Quizá baste la imagen del predicador que nos manda directamente al infierno, pero el calorcito que este viaje implica se goza mucho más con la convicción plena de que ese era el único camino posible.

Entonces, nos topamos en Julio Prado a un escritor de carne, hueso y emoción. De su mano recorreremos esos lugares comunes de la urbanidad (el bar, la cola del banco, el escritorio repleto de papeles cada lunes, el hotel, la sala de espera, la discoteca y, de nuevo, el bar). Podremos hacer el mismo recorrido mil veces, pero los lugares nunca serán los mismos: hay algo en la conciencia que los modifica y les confiere una nueva significación. En definitiva, eso es lo que hace soportable la vida, alejando cualquier posible cotidianidad.

Quizá el mayor acierto de Prado sea su interés por escribir una obra total, que se mantiene y se mantendrá siempre (creo) en estrecha relación con lo que este apasionado sujeto experimenta día a día. En este sentido, lo que más importa no es su correspondencia exacta con esa vida que se vive, sino la verosimilitud que la vida adquiere al ser escrita. Si tomamos como punto de referencia su primer libro (el poemario Rockstar!, publicado por Catafixia editorial hace algunos meses) y los cuentos que integran Satanás cabalga mi alma, encontraremos una voz que se inventa a sí misma y que sobrepasa con creces lo anecdótico y lo autorreferencial. Encontraremos una sensibilidad capaz de “capturar la belleza”, como él mismo nos dice, en los rincones menos sospechados.

Satanás Cabalga mi Alma, desde David Lepe.

Durante mi primera lectura del libro de cuentos Satanás cabalga mi alma, de Julio Prado, resultó imposible sacarme de la mente las ideas “así escribe Julio”, “la gente qué pensará de este relato” o “van a creer que aquel está chiflado”. No siempre se conoce en persona al autor del libro que lees, y menos llevar una relación amigable y afectuosa con él. Y creo, eso me nubló la vista. 

Pero hace unas semanas me reencontré con esta colección de 21 relatos, los cuales ahora me los disfruté como niño en juguetería, o con Playstation, o Nintendo DS... la idea es esa. 

El mundo presentado por Julio ya lo conocemos porque lo hemos visto en ocasiones, además también nos lo han contado. Es oscuro, pero colorido. Es amargo, pero con bordes dulces y otros salados. Este escritor/abogado entra hasta el fondo, hasta la cocina de la casa, y nos golpea en la cara con una chancleta. 

Julio es el protagonista de los cuentos en los cuales con saco y corbata acompaña a su compañero de trabajo a quitarse la cruda al bar El Portalito un lunes por la mañana, se enamora de manera fugaz de una secretaria quien escribe y lee poemas en un café bar o de una flaca intoxicándose de alcohol en una cantina, va a redadas trabajando para el MP esperando que un marero no le clave un cuchillo por la espalda e invita a Dios a una cerveza para charlar.

Por momentos pareciera que es el único ser a quien le cae lluvia de la nube que lleva por encima, y por otros se convierte en el rey de lo suburbano.

Cuando presentaron el libro, lo catalogaron como un videoclip en letras por ser tan visual y hacer que las imágenes corran unas tras otras, como huyendo de algo, como si Satanás cabalgara el alma de esas palabras.

Si te interesa el libro puedes escribir a Editorial Cultura (editorialcultura@gmail.com), y para conocer más sobre Julio su blog es noticias para dios. Tiene otras publicaciones, pero sus compulsiones y traumas ahora son derrochados en el twitter.

Satanás Cabalga mi Alma, desde Javier Payeras.


(House of the devil/Ti West)
  • Cicatrizante narrativo. Anticonvulsivo y espontáneo. Los parajes son las zonas blancas de un view master. Cada track recompone la imagen.
  • Los relatos son las piezas de un rompecabezas del habla. El habla autobiográfica. El habla que contiene un valor de anécdota. Aquí dirime lo que es oportuno. Pequeños clips colocados alrededor de la experiencia. La memoria queda sujeta a la página en blanco. Así veo esta nueva posibilidad de prosa.
  • Algo hace que lo más complejo sea lo más simple. Los relatos de Carver. La reinvención de la prosa que viene de John Gardner. El color de lo innecesario. El esqueleto expuesto y la más clásica de las virtudes en el arte, saber reconocer el tema: tener algo que decir.
  • Un slogan es un ejercicio didáctico y necesario para cualquier escritor. Lo que no se puede decir en una línea, no se puede decir en mil páginas.
  • Satanas cabalga mi alma de Julio Prado está en el presente de lo mejor que resta de la literatura guatemalteca. No es rimbombante sombra de lo miserablemente perfecto. Es acaso la duda su total plenitud, su total intensidad. Autobiografía en síntesis. Testimonio de 45 minutos. El grabador de voz está puesto. Queda registrado.

Arquitectura guatemalteca contemporánea se adapta a ola criminal

En el último simposio de arquitectura guatemalteca se discutieron varios puntos relacionados con el diseño y la seguridad de las obras. El constante robo de las piezas de cobre, bronce y otros metales preocupa al gremio, así como la fragilidad de los vidrios al momento de defender el interior de los posibles ataques de ciudadanos incivilizados dedicados al crimen. 
También se discutió lo peligroso de crear construcciones transparentes, dado que exponen la vida de los ocupantes ante los ojos de personas que pueden intentar hacer daño. 
Por ello se considera que la nueva solución arquitectónica para la ciudad de Guatemala, es el búnker. 
Condominios, edificios, centros comerciales y recreativos seguros y funcionales. 

5.8.13

Una mina en la boca del pozo.



Pasé ardiendo todo el sábado y aún no me consumo. 
Debe ser que soy uno de esos hondos pozos negros de petróleo. 
Debe ser que yo soy la riqueza de Kuwait y vos sos Saddam con un fósforo entre los dedos. 
Debe ser que vos me llenaste de minas y tenés el detonador a distancia. 
Debe ser que me prendiste en llamas. 
Ahora soy una flor de fuego en medio de la noche del desierto.