18.5.11

Las cabezas y yo

Veintidós cabezas y veintisiete cuerpos fueron hallados en una finca al norte de Guatemala. Al parecer, eran todos campesinos que trabajaban en el sitio sembrando pasto para el ganado. A una de las víctimas, le cercenaron la pierna y escribieron con la sangre que derramaba, un mensaje sobre la pared de una de las chozas de block y lámina. Al parecer, buscaban a un narcotraficante, el patrón de la finca. 
Estos son los días  más calurosos que recuerdo en años. Dicen que los cuerpos fueron encontrados en un avanzado proceso de descomposición. Pienso en ello, ahora que el sol brilla con todo lo que da sobre el asfalto. Ahora que vienen las moscas y transpiro debajo del saco y la corbata. 
Como era de esperarse, el gobierno reaccionó desplegando ejército y policía en la zona, en una improvisada cacería de los responsables. El Presidente, calificó de salvajada el asunto y de inmediato se lo atribuyó al grupo de los Zetas, un brazo armado de las bandas organizadas del narcotráfico. 
El crimen no fue a causa de las drogas. Veámoslo así: no fue perpretado por una orda de yonquis en busca de dosis. El crimen fue por poder, el que alcanzaron los zetas en el Petén luego de esto. Reconocerlo, es también aceptar que hemos fracasado. Las mayorías no son quienes mandan. El poder lo ostenta quien posea las armas y el dinero. 
Carajo. Yo lo que tengo son deudas y las armas me dan muchísima pena. Es decir, me jodí. 
Aceptando mi condición de jodido, decidí el fin de semana, esparcir un rato el espíritu y emborracharme. El plan marchó de maravilla las primeras horas, pero luego, la policía me sacó del sitio. Al día siguiente, mientras almorzaba en un restorán con mi madre y mi hermana, en la tele pude ver cómo un estadio de fútbol se convertía en un campo de batallas. 
Por la tarde, pasé por un centro comercial, pero estaba cerrado. Habían matado a alguien dentro de su auto. 
Aleluya, qué viva la humanidad. 
Regresé a casa. No tenía cervezas en el refrigerador. Tenía vodka y zumo de naranja con dos días de vencido. Qué rico. 
Bebí vodka y vi televisión. El pastor de la comunidad de donde eran originarios los decapitados, hablaba en el noticiero. Luego el Alcalde. Ambos coincidieron en que era la masacre más terrible que habían visto. Supongo que para  ellos el mundo tiene diez años de vida.  Otros pobladores hablaron también sobre el derramamiento de sangre. 
Yo seguía pensando en las moscas. También me intriga saber qué pasó con las otras cabezas. Ellos, hablaban del demonio y no se qué más. 
A veces cuando veo a la gente hablar con tanta candidez, noto que despierta en mí un tímido sentimiento  de envidia. Ellos conservan el asombro ante lo incomprensible y para ellos, son ininteligibles la mayoría de las cosas; ignoran si tienen derecho o no a reclamar seguridad para las familias, a demandar al Estado Mexicano al determinarse que habían ingresado al país bandas armadas de esa nación, etcétera. 
Pero luego lo analizo y sé que no es envidia; es soberbia y por lo tanto es estúpida. Yo tampoco comprendo al universo. Podría explicar que fue el poder lo que hizo que surgieran las bandas sanguinarias, como la de los zetas, pero no lograría entender la obsesión de la humanidad por mandar. 
Que la violencia ha estado siempre presente en la humanidad, lo sé. Pero ¿hacia dónde nos lleva? Honestamente, ninguna posibilidad es alentadora. Al ritmo que vamos, lo que sigue  es que los sicarios maten a sus víctimas a mordidas. Que se los traguen como manadas de lobos. Los salvajes perros de la ira. 
Y claro, la justificación será el poder, tan absoluta y sacramental como nada hay. Estos días me da por pensar que la humanidad está dispuesta a sacrificarse así misma por el puto poder. A lentamente volvernos otra vez una especie sin razón ni alma. A caminar en cuatro patas, bajo el dominio del más fuerte. 
Pero vamos, de algo nos tendremos que aferrar para que esto no pase. Y no es la razón. 
Pensando con el corazón, ¿usted sería capaz de matar a su vecino porque no le hace caso o de golpear a una mujer porque tiene una camisa del equipo contrario de fútbol?
Honestamente, creo que no. Yo le apuesto todas mis fichas a la humanidad y no a los robots.  

10.5.11

Dos poemas a mi madre.

Los tipos rudos no saben decir madre.

Los tipos rudos no bailan. A los tipos rudos les bailan las mujeres desnudas, en bares de muertes lentas.
Los tipos rudos no saben decir madre. Sin embargo, aprenderé a pronunciar su nombre para salvar lo bueno que en mí queda.
Lo haré por las mujeres, que bailarán conmigo dejándome el corazón como propina.
Lo haré en nombre de los corazones que guardo los bolsillos de mi pantalón roto.
Lo haré en nombre de mi mano, que quiere aprender la dulzura, para saber cómo acariciarte.

Lección aprendida

¿Alguna vez te pregunté, madre, el secreto para sobrevivir a los golpes? ¿Ves lo bien que me sale ese maravilloso movimiento tuyo para esquivarlos? Suena el despertador y volvemos a salir los valientes. Suena el despertador y sonreímos, con la cara hinchada y las manos deshechas. 
Y sin embargo, todavía es posible la caricia. 
Y sin embargo, madre, siempre es posible para nosotros la caricia.