1.9.10

El cumpleañero

-Vos, ¿qué pensás del niño?, me preguntó Alejandro, mientras miraba la foto del pequeño en la prensa. Celebraba sus tres años con un pastel verde dispuesto sobre una mesa forrada de plástico. Varios familiares aplaudían al lado.
Todos en la foto se veían marchitos. Eso pensé mientras fingía formular una hipótesis acerca del paradero del niño. Uno desarrolla un instinto. Uno sabe qué pasó. La respuesta a eso es fácil: mientras más te adentrás en la criminología, más pensás como un criminal. Yo soy una maldita bestia en potencia.
- El niño está muerto, contesté sin decir más.
- Mierda, seguro que sí. Pero ¿dónde podrían haberlo enterrado?
Medité. Vi la foto, sentí un frío excepcional, pensé en una especie de túnel negro con una abertura al final blanca. La poca luz que entraba en el orificio me dejaba ver las paredes brillantes por la humedad, era una caverna mohosa.
-El niño está cerca de una fuente de agua, dije.
Alejandro tomó el teléfono y llamó al equipo que estaba en la casa de la sospechosa. A tres horas de donde nosotros estábamos, en una montaña árida. Les dijo que buscasen cerca del pozo o de la pila, y que devolvieran la llamada si encontraban algo.
Yo me senté a escribir unos oficios. Me sentía mal. No había dormido mucho. Había bebido. Estaba un poco borracho todavía. Era un veintitrés de diciembre.
Las fiestas me joden. En el freezer tenía el cadáver de un pavo. Una botella de vino enfriándose. Un teléfono apagado. Aquella vida tranquila congelándose.
Un par de minutos después, el teléfono de la oficina sonó: el equipo que allanaba tenía algo: cerca de la pila, tras escarbar con una pala, asomaron a la luz tres dedos humanos. De un infante, aparentemente.
Alejandro me avisó. Me tomé un Red Bull. Encendí un cigarro. Saqué el arma de la gaveta, la cargué y me la coloqué en el cinto y salí a la calle.
Había muchísimo sol. Me puse las gafas oscuras. Detesto la luz. La gente pasa en sus autos viéndome con asco. Miran el nombre de la Fiscalía, el edificio y a mí. Nos desprecian. Qué más da. No me pagan por ser popular. Menos con los criminales.
La camioneta verde se detuvo enfrente. Alejandro y yo subimos. El piloto emprendió la marcha. Los policías hicieron sonar las sirenas. Era la música de la fiesta.
Había comenzado la cacería. Qué alegría, era hora de atrapar una presa.

13 comentarios:

D dijo...

Mi querido Prado...siempre me ha parecido interesante tu trabajo, sobre todo si te respetan y te desprecian, que mas dá...el caso es que actualmente por aqui resultaria por demás peligroso!

Besos

Yuri Taikatsu dijo...

ok o.o... m da miedo tu mente criminal. tienes muertos n todos lados: en el papel, en una foto y la nevera. nice! aunque sigo diciendo que me das miedo, Prado o_o mucho...

Engler dijo...

No sé si sos una maldita bestia en potencia pero sí un maldito escritor y no en potencia, eso sí que sí...

¡Qué trabajo el tuyo mano! A veces también decir ministerio público es una mala palabra como sandra... y eso que decías... ayer...

Buena onda! Un abrazo!

Silvia Fortin dijo...

Cuando leo tus narraciones, me erizan la piel por la realidad y honestidad desmedida, me gustan. Y me recuerdan que es fántastico que existan héroes de carne y hueso! Mis respetos para tu trabajo y tu escritura! Un abrazo Julio!!

Ana González Ewens dijo...

De repende el miedo no lo parece tanto....es una especie que evoluciona en lo que cada uno necesita, la muerte y la violencia nos transforma en más y en menos depende del momento, depende del horror. Un abrazo muy fuerte para que lo tomés cuando sea necesario.

Jonathan dijo...

Aplausos, aún no lo estoy imaginando. www.escribiendoconsilencio.blogspot.com

Mario René dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mario René dijo...

Red Bull, tabaco y arma; combinación indispensable en cualquier cacería

buena suerte siempre

Prado dijo...

Gracias, les quiero.

Miss Trudy dijo...

Eso me recuerda lo que me dijo una vez un mi estudiante universitario que era policia. Que cuando un nino desaparece, lo primero que piensan es que fue el padre o la madre, o un pariente cercano. Tristemente, lo mas comun. Al rato, ellos tambien desarrollan ese instinto. Por algo sera que la mayor incidencia de alcoholismo y suicidio corre en los cuerpos de policia, al menos en EEUU. Gracias al cielo tu escape es escribir, y todos quienes te leemos nos beneficiamos de ello (aunque ya aprendi a no leerte en la mañana).

Sofya dijo...

Me gustaria creer que es verdad, que en Guatemala alguien se preocupa por esclarecer los asesinatos y no cerrarlos simplemente como "ajuste de cuentas", nada aburrida la narracion, eso si, un intento de medio capitulo de Sherlock Holmes.

Aplausos.

Prado dijo...

Gracias Trudy, un abrazo.

Gracias Sofya, las dos aprehendidas ya fueron sentenciadas. Un abrazo.

Byron Quiñónez dijo...

¡Genial, brother, genial!