16.7.13

A place to bury strangers

Una calle densa, cuando la noche le lame las aceras. Estábamos los cuatro en el auto con esta canción a tope sonando, porque me recuerda que en las sombras de mis sombras, se pasea con la sonrisa desenvainada un fantasma, y que yo siento su filo metálico contra mi cuello, a pesar de que juro haberlo vuelto cenizas. Y mientras el semáforo daba verde, un travesti enorme, monumental, con unas piernas largas y descubiertas salió de una esquina hacia el auto. Pensé que nos mataría, pensé que subiría al capó del auto con sus tacones asesinos y los incrustaría en el vidrio y esa noche cenaría con Genghis Khan y sus huestes en el Hades, con Adolf, guapa, con el gran Marqués de Sade, pero lo que hizo aquella chica fue seguir el ritmo de la música en el auto y tomar el semáforo como un tubo y deslizarse sobre él, solo para nosotros, con una risa de ingenuidad y violencia, con sus piernas largas, con sus pestañas infinitas, aquella noche densa, que lamía las aceras con su oscuridad húmeda, Valquiria, sombra de mis sombras, cenizas que sopla la brisa. Fantasma.

No hay comentarios: