17.4.09

Salvation Road

Las aspas de la hélice. El rotor. El maldito zumbido. La paranoia. Cada noche, desde hace una semana, un maldito helicóptero se pasea por encima de los techos del barrio, con las luces apagadas. Es una mancha negra o un estruendo. Se supone que es parte del plan de seguridad, es decir, que debería sentirme bien escuchándolo, porque significa que el señor Ministro de Gobernación hace algo por mí. Pero no, no siento eso. Odio al maldito helicóptero y me jode la calma. Siento que estoy en una zona de guerra. Pienso que se va a caer sobre mi casa, destrozando el techo y cayendo justo sobre mi cama, cuando estoy durmiendo y soñando con que vivo en una zona donde no hay helicópteros. Joder. No han sido semanas tranquilas estas dos últimas. A penas y he podido acercarme al blog. La semana pasada comenzaba un largo descanso desde el miércoles santo hasta el lunes de pascua. Pero el martes por la noche, una infección estomacal acabó conmigo y me retuvo en la cama durante el miércoles, el jueves y el viernes. Jodido totalmente. Bebiendo agua y tomando sopas. Famélico. Muy poco que contar. El jueves santo pasó un cortejo procesional frente a mi casa. Llevaban un Cristo con la cruz a cuestas, sobre un anda. Se formó un alboroto. Yo salí a ver. Frente a mi casa, estaba Sebastián, un borracho que empuja una carreta por el día y por la noche duerme en ella, a unas cinco casas de la mía, en la acera. Sebastián se mea en los pantalones y también se defeca. Huele a rancio, pero vamos, así olía la gente hasta hace mil años. Así que alrededor de Sebastián había un círculo vacío, sin personas. Aprovechando el espacio, me paré a su lado a esperar que Cristo pasara y con él los encapuchados, los tambores, la banda fúnebre, la algarabía en resumen. Y así fue: lento. Cinco o seis minutos, confundiendo mi olfato entre el incienso que llevaba la procesión, el olor de Sebastián y el perfume de las cargadoras que iban haciendo fila para cargar a la Virgen. Me detuve a observar la reacción del indigente. Sus ojos rojos, opacos y tristes no decían mucho, fuera de ser un signo de lo avanzado de la descomposición de su cuerpo. Pero se quedó inmóvil hasta que toda la procesión pasó. Y se persignó al final. La banda siguió su camino, tocando marchas fúnebres. Yo tenía ganas de ir al baño otra vez. Entré a casa. Luego de aliviarme, salí a ver por la ventana. Ya el mar de gente empezaba a dispersarse. Sebastián empujaba torpemente la carreta rumbo a la nada. Antes, pensaba que podía parar como él, totalmente perdido en las calles. Huyendo de todo. Así que siento cierta conexión con su vida. Por ejemplo: sé que al igual que yo, por las noches, mientras que yo estoy cubriéndome con las sábanas y él se acomoda sobre la acera, bajo la persiana de un restaurante de mariscos, ambos vamos a estar frente al mismo sitio: el cementerio. Si, al final de mi calle hay un cementerio. Y a lo mejor, también Sebastián también va a estar maldiciendo al helicóptero. Justo como yo. También sé que la gente ha hecho de todo por salvar a Sebastián, que lo han metido a rehabilitación y todas esas cosas. Sé también que nada ha resultado porque él se rehusa. No puedo hacer mucho por él. Tampoco por mí. A estas alturas del partido, ya no sé si quiera salvarme. Prefiero explorar otras opciones.

12 comentarios:

Alfonso dijo...

Qué desperdicio, con el Smiley tras las rejas todos deberíamos poder dormir tranquilos

More Baker dijo...

El gobierno siempre jode a uno. Si descubres otras opcines,avísame a ver qué puedo hacer por mi.
Besos.

maalexandra dijo...

yo dejaria de pensar tanto y le invitaria a sebastian un trago*

tal vez tenga historias interesantes de ultratumba*


besosdulces*

Iocus dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Maria Andree A.C. dijo...

El helicóptero parece estar ejecutando órdenes similares a "the patiot act" - estaremos destinados a ser observados continuamente?
y - bueno imagina también mi caso: vivo demasiado cerca al aeropuerto (-_-)

Quillén dijo...

Se aprende mucho de los Sebastianes del mundo... Una vez escuché hablar a un hombre que cada noche dormía debajo de cartones. Ese hombre era, sin dudas, mucho más feliz que yo en aquel momento. No sabría explicar por qué pero era así...
Cariños y espero que ya estés repuesto.

Prado dijo...

el Smiley es sólo un niño perdido. Y me parece de lo más idiota e indignante sacarle una foto, arrodillado, en calzoncillos, frente al MInistro de Gobernación. Demonios.

te puedo avisar ahora, More, por supuesto. Besos a ti también.

Sebastián ya no toma alcohol etílico como nosotros lo conocemos. Ahora bebe pequeñas botellas de alcohol para curar heridas. Es una lástima. Maalexandra.

Vaya María Andreé, debe ser ensordecedor vivir allí. Ya me hubiera comprado unos protectores de oídos. De esos que usan los trabajadores de la construcción o algo así.


Ya estoy repuesto Quillén, muchas gracias. Qué linda foto, de verdad. Felicidades.

Un abrazo a todos y todas.

paola guillen dijo...

Si sensación tuve al subir al bus y ahora ver siempre personas de seguridad armadas en lugar de sentirme segura paso todo lo contrario.

chica hindú dijo...

Qué cinematográfico tu relato!
Muy bueno!
Me quedo pensando en Sebastián...

Besos

Estrada dijo...

El maldito elicoptero me chinga la vida a mi tambièn, parece que cuida que los señores del preventivo no se atrevan a salir, aunque como sabemos salen caminando por la puerta principal y no necesariamente porque hayan cumplido la condena. Me pareciò extraño que haya suprimido un comentario.

Inconnue... dijo...

No sé si esto viene a razón de la posibilidad (uno nunca sabe) de que pueda terminar como un Sebastián (o una versión no tan extrema) y a veces no solo por el alcohol (existen otras sustancias a las cuales nos volvemos adictos incluso dentro de nuestro propio cuerpo) o porque tal vez hoy solo he tomado un "par" de cervezas, pero a veces la sobriedad no está sobrevalorada?

Digo, en mi vida el alcohol ha funcionado como un perfecto lubricante para las relaciones sociales, para la fluidez de ideas y para el valor, cosa que la sobriedad en la mayoría de las ocasiones me hace ir en dirección opuesta…

Un beso de helada cerveza bajo un cielo lleno de estrellas en la brisa del aire del campo.

Nancy dijo...

También por acá el helicóptero fastidia bastante por las noches.
Pobre Sebastián, lo digo porque se defeca y orina en los pantalones, por lo demás quizá él no espere nada de nadie...
Me parece muy bien lo de explorar otras opciones. A veces se me ocurren cosas, pero lo que me falta es valor.
Me encanta cómo escribes ¿Te lo dije ya?