6.1.08

compañero

Era un almacén monocromático: blanco, gracias a la iluminación que proveían las lámparas de gas. Estaba lleno de estanterías, atestadas con frascos, dispuestos de acuerdo a su color y tamaño. Herminio, el encargado del negocio, gustaba del orden. Al punto de lo enfermizo. Y allí estaba, gozando de su reino, ataviado con su uniforme perfectamente planchado, tamborileando los dedos sobre el mostrador, mientras veía como un cliente se apostaba cómodamente sobre el amueblado de jardín en exposición; a pesar del rótulo que advertía no hacerlo. Estaba siendo paciente, como siempre. Y es que, Herminio se definía a sí mismo como una persona justa, y consideraba que la experiencia de sus ocho años en prisión, estaba superada. Un milagro del Espíritu Santo, decía. Pero ya habían pasado quince minutos, y el hombre permanecía sentado sobre el amueblado. Y Herminio decidió ponerle fin a la situación. Cerró la caja registradora con llave, se apartó de su cubículo y se enfiló hacia el final del pasillo, donde estaba el tipo ensuciando el producto, mientras hablaba cómodamente por teléfono. Posó su mano sobre la espalda del cliente para avisarle del inconveniente. El hombre volteó y sonrió. En su mano derecha tenía un revólver. Y con él apuntaba hacia la cabeza de Herminio, quien lo reconoció de inmediato. Habían pasado cinco años en la misma cárcel. Pero Herminio nunca supo su nombre, sólo su apodo. El tipo explicó que se trataba de un asalto. Y le pidió a Herminio que vaciara la caja registradora. Caminaron hacia ella, lentamente. Una pareja que se encontraba en el interior de la tienda, al ver lo que pasaba, se tiró al piso. Herminio sacó las llaves de su bolsillo. Apagó la radio, tomó el dinero y se lo entregó al asaltante. Enseguida, se tiró sobre sus rodillas. El tipo empujó su arma contra la barbilla de Herminio, alzándole el rostro, como intentando reconocerle. Pero no dijo nada. En vez de ello, amenazó a todos, gritándoles que si llamaban a la policía los iba a matar. No había necesidad de ello, se sobreentendía. Luego huyó por la puerta principal, en plena carrera. Herminio se levantó y ayudó a la pareja. Les ofreció una taza de té por cuenta de la tienda. Los tres hablaron del asalto; acordaron no denunciar al ladrón. Y la pareja se fue de la tienda, dejando a Herminio sólo, viendo fijamente la caja registradora. Sabía exactamente cuánto dinero tenía antes del asalto. Eran más o menos cien dólares. Estaba claro: no podía informar del asalto, menos al dueño. Éste, podría investigar y enterarse de sus antecedentes criminales. Lo despediría, eso era seguro. No podía darse ese lujo. Cerró la tienda por un momento y fue al cajero automático, de donde sacó los cien dólares de su cuenta. Luego, regresó y los metió en la caja. Apagó las luces y cerró la persiana del local definitivamente. Al llegar a casa, buscó su agenda de teléfonos. Hizo un par de llamadas y consiguió la dirección del asaltante. Le subió el volumen a la radio, tocaban música de alabanza. Mientras tanto, Herminio cargaba su arma.

24 comentarios:

one of the gargoyles dijo...

La vida de un hombre por mas o menos cien dólares... a veces parece demasiado.

Quillén dijo...

Muy interesante el final. Hay cosas de las que no se sale nunca lamentablemente. El paso por la carcel es una de ellas. Es una de las tantas cosas que como sociedad no hemos podido resolver aún. Triste.

niobe dijo...

Muy buen relato.
El pasado no se puede borrar por mucho que duela, y si se intenta po único que conduce es a inevitables consecuencias.
Me encanta como escribes, un saludo y gracias por visitar mi blog

A do outro lado da xanela dijo...

Como siempre, tus relatos pertenecen a las lecciones más valiosas...

Buen relato, buen planteamiento del mismo. Buen final.

Un saludo!

More Baker dijo...

Me gusató eso de que Dios se fue sin despedirse.Lo que guarda implicito mucha rebeldía.
Y con respecto al relato: 100 dólares justifican la agonía? A lo mejor. En la vida "real" matan a la gente por mucho menos. Sobre todo aqui en nuestros pueblos del sur.
Saludos desde Venezu ela.

Oswaldo J. Hernández dijo...

Extático retrato social: la cárcel y la alabanza. Las Interconexiones. Me huele a Guatemala.
Realmente bueno, compañero Prado. Felicidades

psychoprincessmonik dijo...

Interesante, tan interesante como la película Mr. Brooks....
Hay cosas que nunca cambian, a veces sólo se cambia la fachada...pero la esencia sigue siendo la misma shit....ironico ver como lo primero que se busca cambiar es el exterior, cuando éste debería ser solo una extensión del interior, que es en realidad el único cambio que importa...

saludos

Quillén dijo...

Las cosas que se leen... Dios! (aunque se haya ido sin despedirse)

Julio: Gracias por tus comentarios en mi blog. Tu mirada "foránea" me hace ver que hay cosas que debo hacer explícitas en los textos porque no todos las compartimos. Buen punto...

Quillén dijo...

No lo pude evitar y tuve que volver...
Querida Princesa:
Aquí no se trata de interiores o exteriores o de voluntades, y lo digo con mucho respeto. Cuando alguien ingresa a la cárcel, por el motivo que sea, sufre los mayores vejámenes, se ve obligado a convivir con las peores compañías, y se ve forzado a aprender todo lo malo que a lo mejor todavía no sabía.
Cuando sale, si es que sale con vida o sano mentalmente, la sociedad le niega directa o indirectamente cualquier posibilidad de llevar una vida digna.
Quería aclararlo porque sin esto en mente, el texto de Julio no se puede apreciar como corresponde.

PROSÓDICA dijo...

Existen prisiones de prisiones, pero sin duda alguna, aún no existe aquella que aprisione lo que somos, nuestro pasado, anhelos, vivencias, educación, familia, etc. Esa que no restringa el desplazamiento del cuerpo, sino que permita el desplazamiento de lo aprendido y vivido. Ésta es la que a mi criterio reforma a una persona, no la primera o la común. Por que lo que somos, lo hemos llegado a ser adentro y es alli donde hay que trabajar. OBvio hablo desde un punto de vista mero idealista, pero para nada pro reo.
y termino con una afirmación alejada de Derecho, pero el cambio de vida es algo que sólo puede necer dentro de uno mismo, POR UNO MISMO.
En fin, espero hayan entendido lo que quise decir.

Abrazotes

Prado dijo...

gracias a todos por sus comentarios. escribir me justifica. y uno escribe, fundamentalmente por dos cosas:por egoísmo (uno escribe lo que no ha podido leer) y para que alguien más lo lea (con el afán de dejar de sentirse miserablemente incomprendido, o solo, que viene siendo lo mismo). Agradezco que me lean. Un fuerte abrazo

More Baker dijo...

Y yo agradezco que escribas, egoístamente o no Julio. Qué importa!!!
Un abrazo para tí, que has logrado apenarme con las palabras tan hermosas (?) que has dejado en mi blog.

Ruy Guka dijo...

Coincido con todos los comentaristas, un relato buenísimo.
Siempre paso por aquí satisfecho de lo leído.
Un saludo.
Ah, por cierto, estuve cerca de tu tierra, en Mérida, Yucatán.

Prudence Cohel Smith dijo...

Final interesante... pero nunca un ladrón le quitaría su trabajo de nuevo, nunca pasaría por aquella tienda otra vez, a quitarle la vida decente que ahora se había ganado, sin embargo,él nunca dejaría de ser una persona que salió de la carcel.
Gracias por visitar mi blog

satira dijo...

hey yo crei que ya habia comentado !!! jajaja que mal estoy
pero la verdad me encanto el final esta cabron...


PD . saty : )

Dios dijo...

Como que sí afecta estudiar en un colegio catolico, verdad?...

Creo que lo mismo le pasó a Rios Montt, pero en el ejercito y por ahí hay coroneles que terminaron escribiendo parecido a vos.

Estas más parecen noticias para el espejo, que para Dios.

Esperemos el siguiente post, a ver cómo sigue la psicosis esa de la muerte...

13lack dijo...

Te delatas..en el texto..las situaciones..ah si..y que sabes por donde es que le gusta pasear a el diablo.


Besos :)

Filistea dijo...

¡Exelente Julio!
La naturaleza ambigua no?, por un lado le tapo el 'ojo al macho' (100 dolares). Mientras llevo a cabo lo que me corresponde (venganza).

Hay cosas que son intrínsecas. ¿Quién contra ellas?.

Abrazos!

Nuci-tah dijo...

no se como llegue aki.. pero me parece grande lo que escribis..

Buttercup dijo...

Me alegro de pasar por aquí de nuevo después de tanto tiempo,interesante relato,disfruté leyendo,siempre me apasionó la novela negra,aquí te acercas mucho,felicidades...
Un saludo.

Prado dijo...

Estuve alguna vez en Yucatán. Gústome mucho. Guka, Ruy.

saludos prudence, sátira, y anónimo entusiasmado con Ríos Montt.

ahora que lo dices, me percato. me delaté 13lack

Filistea amiga, bienvenida. un abrazo.

ha sido una casualidad provechosa, la de tu estadía en mi blog nucitah. para mí, sobre todo.

un abrazo buttercup

El Doc 9 dijo...

en la Argentina, mi país, habia un político que murió el año pasado que se llamaba Heminio, Herminio Iglesisas, peronista -que o fue el partido político del actual Gobierno nuestro del matrimonio K. y los opositores a él le cantaban "Herminio Iglesias, hijo de ... y estafador, ,no lo vote compañero, no lo vote, que con herminio se hace mier... la Nación", nunca más eschuche el nombre Herminio hasta tu nota, que es muy buena, para Apuntar en mi Doc 9, abrazo de gol argentino y Maradoniano... aca hay un guatemalteco que amamos, que es Ricardo Arjona

Prado dijo...

ignoraba lo del referido Herminio. Doc 9. Argentinos universales hay muchos. Borges, Juarroz y Sábato, los que más admiro. Gracias por pasar acá

nickjoel dijo...

Barabra forma de reflexionar sobre el camino a seguir, asi lo veo, asi lo vi, Dios presente en nuestras vidas, en nuestras acciones, en nuestros errores, asi es que debemos mantenernos, cerca de el, con constancia, y buscando cada dia ser mejores, y saber cuando rectificar cuando se esta obrando mal::::