19.11.10

Tenía abierta la puerta de mi oficina, esa que da al patio. Desde ahí se ven los autos y un enorme depósito de agua, mientras es sostenido por parales de madera completamente enmohecidos. A más de alguno le aterra la imagen: toneladas de agua dispuestas a inundarnos  a la primera. Podría morir ahogado es decir; pero no le ponía demasiada atención a eso. Leía unos informes. Sí, eso hacía cuando empezó a lloviznar. Diminutas gotas descendiendo lento como si fuese un espectáculo de perlas, flotando como átomos en un cuerpo imaginario. El cuerpo del viento en el patio. Quise fumar. Llevo meses sin hacerlo, así que no cargaba un cigarro. Vi la hora: acababa de perder quince minutos de mi período de almuerzo. Me puse el saco y salí a la calle. Llovía con más intensidad. La gente corría por las aceras, sobre todo una señora con su hija. Mucho más lento, un tipo con el pelo engominado, pasó frente a mí. Había una patrulla estacionada. En la parte descubierta,  soldados  se cubrían de la lluvia con improvisadas capas hechas de nylon. Dejaron las armas al descubierto y por la manera en que se acercaban unos a otros, fácilmente se podía deducir que tenían muchísimo frío. Los fusiles se mojaban. Me coloqué en una esquina, bajo un pequeño parasol, cubriéndome de la llovizna. Esperaba cruzar la calle para entrar al restaurante. Era un mediodía demasiado nostálgico para no notarlo. Un noviembre frío y lluvioso. Un fin de año que me deja húmedo y titiritando. Vaya. Por un momento el tráfico se detuvo y pude pasar. Me mojé muy poco y entré al restaurante, donde otro policía me abrió la puerta. Ordené para llevar. Y mientras esperaba la orden, frente a un gran ventanal, vi como también la lluvia se reducía, sobre los soldados congelados, las armas húmedas y la gente pasando por la acera. Muchos de ellos iban sonriendo con bastante sinceridad. Para mí, aquél gesto, representó un hermoso símbolo de resistencia. Y me dieron ganas de escribir. 

5 comentarios:

Luisa dijo...

me puso de buen humor este :)

Prado dijo...

a mí tu comentario.

A do outro lado da xanela dijo...

Al final la inundación llegó, aunque fuera una mezcla de lluvia y sonrisas.

P. Mitelstet dijo...

salud! por eso

Issa dijo...

Yo ando necesitando esas ganas de escribir ya me hace falta pero no he tenido ni musa ni tiempo.

Saludos