6.7.10

Viena. Capítulo I.




















Viena, Lunes, 14.30 pm. Me esfuerzo por entender la explicación del tipo al que pregunté sobre el sitio donde debo esperar el bus que me lleve a mi hotel. Habla con un inglés demasiado influenciado por su alemán natal. Está sentado tras el mostrador de información del aereopuerto, ubicado en una diminuta oficina pintada de blanco, adornada únicamente por el color de los mapas que están adheridos a la pared con tachuelas. Finalmente, entiendo que la estación de buses está al cruzar la calle. Tomo las dos maletas que llevo y salgo a la intemperie. Llovizna. El cielo es una mancha abrumadora y blanca que ilumina los edificios de vidrio. Me siento en una banca a esperar el bus. Falta una hora para que pase.
En la banca más próxima, unos tipos hablan en algo parecido al ruso. Tienen pinta de serbios: las facciones rudas, el cabello oscuro, las narices pronunciadas. Un italiano les pregunta en su lengua dónde tomar el bus y ellos gesticulan para responderle. Dejo las maletas sobre la banca y me acerco a la calle. El tráfico se detiene cuando lo hago, pensaban que iba a cambiar de acera.
Camino dos pasos y veo a una mujer, en un traje beige escotado, acercándose a mi sitio. Tiene una coleta en el pelo, unas gafas oscuras y un cigarro encendido al cual da bocanadas continuas. Camina hacia mí con sus tacones perfectos y luego sigue de largo hasta los serbios. Es una mujer hermosa,  evidentemente  un travesti. Lo noté inmediatamente al tenerla cerca y lo confirme al ver sus caderas escurriéndose por la falda mientras se alejaba.
Me senté de nuevo en la banca a mirar cómo la brisa obligaba a los pájaros a posarse frente a mí en la estación. Así pasé el rato, hasta que tomé el bus.
Tomamos una autopista que atravesaba campos agrícolas. Las torres afiladas de una catedral fueron el aviso de bienvenida. Encontré una ciudad limpia, sin ruido, con gente en bicicleta. Calles anchas sin tráfico. Dos puentes que atravesaban el Alto Danubio. Luego, mi hotel. A dos cuadras del cuartel central de la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Crimen y a dos del río.
Es el inicio del verano en Europa y la gente empieza a disfrutárselo con pequeños veleros y bicicletas. Hay mucho silencio en las calles. Se puede pensar cuánto quiera. Está permitido dilucidar, argumentar, imaginar. Explicarme cómo es que terminé en Viena, si comencé investigado delitos en Guatemala. Supongo que tengo suerte, pensé mientras desempacaba la ropa. Una hora más tarde, estaba en el edificio de la ONU, pasando mi maleta por los rayos X. El departamento de seguridad me fabricó una identificación para el evento. La utilizaría para pasar los controles electrónicos de entrada. Superados estos trámites, me encontré con una réplica de las oficinas en Washington D.C.
Avancé hasta el edificio M. Largos pasillos blancos, grises, ventanales, banderas, esculturas olvidadas y gente de todos los sitios. Salón 379. Ahí tenía que dirigirme pasando un grupo de hindúes, otro de árabes y uno de coreanos. Al lado, se discutía sobre energía atómica mientras se bebían toneladas café africano.
Entré a mi salón de juntas, conocí a la gente. Veníamos de los cinco continentes. Nos sentamos y empezó la discusión y también mi estadía en Viena, la pequeña hija perdida del catolicismo. Esa ciudad imperial que fue paso obligado para los cruzados y que me tendría por una semana. Tratando de descifrar sus calles circulares. Intentando recrear pasajes de Richard Linklater. Y hablando de mi trabajo, lejos, en Guatemala. Donde todo es hermoso y salvaje.

7 comentarios:

Eme dijo...

La hija perdida... ¿Habrá sido la rebelde?*

saludos*

Prado dijo...

He estado ahí y por eso se ha perdido. Un abrazo.

Luisa dijo...

Se te extrañaba por estos lugares. Qué bueno que has vuelto. :) Te dejo un abrazo.

Prado dijo...

Gracias! un abrazo para ti también.

DIANA dijo...

Querido Prado!

Me he perdido de algo? como que andas en Viena? cuenta, cuenta mas!!
Afortunada Viena que te tendrá una semana ;-)
Hermosa la foto de tu banner, me ha encantado!

Besos

crisstina carrillo dijo...

Es verdad, la foto del perfil: única...

Viena...vaya, un guatemalteco en Viena..que suerte tiene el otro lado del charco

va el abrazo pa ti
criss

Fabrizio Rivera dijo...

Maestro Prado!

Que buen relato, me quedo con la imagen... esperando que pronto pueda seguir leyendo tus lineas y sepamos como te fue por alla.

Un abrazo!

PD. (el proximo viaje a Viena tiene que ser en igualmente a la ONU, con todo ese monton de gente de todos lados, pero para discutir sobre: Satanas cabalga mi alma)