ne me quitte pas
He visto pasar al mismo hombre durante tres o cuatro veces frente al café. Quizá al igual que yo, espera a alguien. Dentro, las decenas de conversaciones sólo destacan mi silencio. Miro la taza y en ella el vacío. Impregnado, el café ha dejado testimonio de haber estado allí. Me estoy aburriendo. He salido temprano de la oficina, tal como había planificado desde anoche, cuando en casa sonaba un acetato de Nina Simone insistentemente interrumpido por el timbre del teléfono. Al otro lado, Ruth: quedamos en encontrarnos en este café, en el que estoy desde hace dos horas con quince minutos. Desde hace cuatro tazas de café y un paquete de cigarros, que ahora luce vacío y que como inconfundible signo de mi desesperación, lo vuelvo un embrollo entre mis manos. Me recrimino lo iluso que fui. Pero, vamos, la culpa es de los nervios, la nicotina, la cafeína y de estos dos larguísimos meses sin follar. Eso es: esta abstinencia me tiene impulsivo. Debo encontrar alguien con quien inexorablemente terminemos en la cama. Penetrarla sin preguntar, embarazarla de ideas obscenas y húmedas, en las que mi nombre se repita una y otra vez. Pienso inevitablemente en Ruth; en la redondez de sus senos que perfectamente caben en las palmas de estas manos que ahora reviso y están vacías de senos. De las piernas, las largas piernas de Ruth. De todas esas perfectas líneas que la definen; y sin quererlo hago, digámoslo así, un inventario de su cuerpo y joder, lo recito a la perfección, tanto, que me sonrojo de saberlo. Soy un tonto, me digo y este tonto se va. Esto es: salir rumbo a la rutina de maldecirla a cada vuelta de esquina donde no está. Pago y me largo de allí. Al salir a la calle, siento cómo el calor de marzo golpea con todo a este ser que se consume en pasiones fallidas. Al doblar en la primera esquina, la maldije. O intenté maldecirla, porque antes de terminar una mano tocó mi hombro. Quise con todas mis ganas que fuera la mano de Ruth. Y era ella. Vas a alguna parte, guapo, dijo y yo me desarmé. La tomé de inmediato por la cintura y la abracé fuerte. Sentí al hundirme entre su cabello, su olor, su olor dulce y afrutado. Oye, querido, me alegro de verte también, me susurró al oído y luego me pidió que la invitara a un trago. Sé que en tu apartamento guardas Jim Beam, llévame allí para sentir que vuelvo a casa yo también, me suplicó mientras tomaba mi mano. Y nadie pude negarle cosa alguna a Ruth, así que manejé hasta allí. En el coche oímos algo de Dexter Gordon, mientras nos asíamos de las manos como dos adolescentes en pleno flirteo. Llegamos a mi casa y al bajar del auto, tomé a Ruth de la mano. Amor, necesitas regar este jardín, dijo, mira las flores todas maltrechas! Sólo atiné a sonreír, mientras abría la puerta. Entramos y nos sentamos en el sofá. Ruth reconoció cada uno de los muebles y supo que todo allí estaba igual. A excepción de mí: me notaba con una gripe existencial.
Una gripe existencial? / Eso, Julio, una sencilla enfermedad con una cura igual de sencilla. / A ver, en qué te basas para emitir tal opinión? / He leído tu blog. / Ja! Lo sabía. / De una vez, te aviso, que yo no voy a pensar nunca en un epitafio para ti, querido, entiende eso de una vez por todas, por favor. / Era una metáfora muy barata esa… / A ver, y qué exactamente quisiste decir? / Que quiero que tengas la última palabra sobre mí. Incluso sobre mi muerte.
Ruth se quedó mirándome con esa sonrisa que me desdibuja todo signo de pudor. Oh sí! Estoy vulnerable, sujeto a su voluntad y su deseo es que yo pierda por completo la razón. Se acerca lentamente hacia mí, deja el vaso de güisqui sobre el piso y recuesta sus manos sobre mis hombros, mientras abre ambas piernas para acomodarse sobre mi regazo, sentados ambos en el sofá. Empieza a besarme el cuello y mientras lo hace, le prometo que esta vez le voy a dejar impregnado tan profundo mi olor que nadie podrá dudar que es mi mujer. Eso pareció terminarla de encender. Follamos: en la sala, en el dormitorio, camino al dormitorio, en el piso. Diez toneladas de una vida sin follar, fuera de mi espalda. Luego permanecimos horas en la cama oliendo a semen y güisqui. Y fui testigo de cómo la luz del miércoles veintiséis de marzo empezaba a iluminar mis pies junto a los pies de Ruth, que dormía sin enterarse de nada. Me levanté a preparar café y desde la ventana distinguí el espectáculo de mi victoria: mis conciudadanos preparándose para ir a dejar la vida entre el tráfico y los almuerzos económicos, mientras yo permanecía en casa empachado de tanto sexo. Iban por allí, entre otros, mi vecina y su amigo, el de la ropa limpia. Me levanté para hacer café. Estando en la cocina, Ruth me abrazó por la espalda informándome que también había despertado. Me volteé hacia ella, lleno de un repentino impulso autodestructor.
Quédate esta vez, disparé, y no me refiero a hoy, quédate siempre, déjame ver cómo envejeces, cómo pasan los días como ráfagas mientras espero la noche, nuestras noches juntos, saber qué significa llegar a casa y saber que estás allí junto a tu cepillo de dientes. Y Ruth, precisa, tomó mi mano y la besó. Luego se la llevó al pecho y me dejó allí, otra vez, con el café, impregnado en una taza sucia. El ruido del agua cayendo del grifo de la ducha, empezando a disolver mis palabras. Volteé hacia la ventana y ví como el terrible miércoles veintiséis de marzo era ya una cuestión real, concreta: un día más. Y fui hacia el sofá para empezar a grabarme cada paso que Ruth dio dentro de casa, mientras ella en el baño, iniciaba la terrible ceremonia de borrar el olor de mi saliva, de desprendérselo a fuerza de restregones de la piel. Mientras que a mí, completamente plagado de dudas y de ganas, sólo me resta callar de una vez por todas estas malditas ganas de seguir platicando con sus pliegues. Esos que conozco tan bien.
Una gripe existencial? / Eso, Julio, una sencilla enfermedad con una cura igual de sencilla. / A ver, en qué te basas para emitir tal opinión? / He leído tu blog. / Ja! Lo sabía. / De una vez, te aviso, que yo no voy a pensar nunca en un epitafio para ti, querido, entiende eso de una vez por todas, por favor. / Era una metáfora muy barata esa… / A ver, y qué exactamente quisiste decir? / Que quiero que tengas la última palabra sobre mí. Incluso sobre mi muerte.
Ruth se quedó mirándome con esa sonrisa que me desdibuja todo signo de pudor. Oh sí! Estoy vulnerable, sujeto a su voluntad y su deseo es que yo pierda por completo la razón. Se acerca lentamente hacia mí, deja el vaso de güisqui sobre el piso y recuesta sus manos sobre mis hombros, mientras abre ambas piernas para acomodarse sobre mi regazo, sentados ambos en el sofá. Empieza a besarme el cuello y mientras lo hace, le prometo que esta vez le voy a dejar impregnado tan profundo mi olor que nadie podrá dudar que es mi mujer. Eso pareció terminarla de encender. Follamos: en la sala, en el dormitorio, camino al dormitorio, en el piso. Diez toneladas de una vida sin follar, fuera de mi espalda. Luego permanecimos horas en la cama oliendo a semen y güisqui. Y fui testigo de cómo la luz del miércoles veintiséis de marzo empezaba a iluminar mis pies junto a los pies de Ruth, que dormía sin enterarse de nada. Me levanté a preparar café y desde la ventana distinguí el espectáculo de mi victoria: mis conciudadanos preparándose para ir a dejar la vida entre el tráfico y los almuerzos económicos, mientras yo permanecía en casa empachado de tanto sexo. Iban por allí, entre otros, mi vecina y su amigo, el de la ropa limpia. Me levanté para hacer café. Estando en la cocina, Ruth me abrazó por la espalda informándome que también había despertado. Me volteé hacia ella, lleno de un repentino impulso autodestructor.
Quédate esta vez, disparé, y no me refiero a hoy, quédate siempre, déjame ver cómo envejeces, cómo pasan los días como ráfagas mientras espero la noche, nuestras noches juntos, saber qué significa llegar a casa y saber que estás allí junto a tu cepillo de dientes. Y Ruth, precisa, tomó mi mano y la besó. Luego se la llevó al pecho y me dejó allí, otra vez, con el café, impregnado en una taza sucia. El ruido del agua cayendo del grifo de la ducha, empezando a disolver mis palabras. Volteé hacia la ventana y ví como el terrible miércoles veintiséis de marzo era ya una cuestión real, concreta: un día más. Y fui hacia el sofá para empezar a grabarme cada paso que Ruth dio dentro de casa, mientras ella en el baño, iniciaba la terrible ceremonia de borrar el olor de mi saliva, de desprendérselo a fuerza de restregones de la piel. Mientras que a mí, completamente plagado de dudas y de ganas, sólo me resta callar de una vez por todas estas malditas ganas de seguir platicando con sus pliegues. Esos que conozco tan bien.
Comentarios
Un reverencial saludo.
Escritura bonita por lo que tiene de auténtico y existencial de hoy en día. ¡A ver si esa tal Ruth se anima y se queda!... O mejor, no. A ver si quedándose te secuestra y ya no escribirías para nosotros por falta de tiempo o algo así...
Besos.
Ruth se ha ido, ha borrado tu aliento, ha borrado tu saliva de su piel, ha borrado esa parte vivida, esto quiza solo en tu mente, quiza ella este al igual que tu en una busqueda constante de emociones que le hagan vivir, que la lleven al extasis, que la llenen de pasion, y que esos pasos no se borren, que esas caricias permanezcan, quiza son el uno para el otro, pero los estilos de vidas pueden ser tan distintos que no les permiten seguir..
Guarda esos recuerdos en tu mente, traelos de vez en cuando al presente, no dejes que te envuelvan, y siente que lo vivido por ti y ella, ha sido magico, irreal, maravilloso, eso a veces es magnifico, y cuando la nostalgia invada tus recuerdos, sal corriendo en busca de mas emocion....
EXCEPCIONAL ESCRITO, MARAVILLOSO
un abrazo mi estimado
dios lo bendiga
recuerda que adelante vive más gente, como diria un amigo puertoriqueño
Anoche estuve pensando hasta las tres de la mañana en los finales.
Y ahora me he leido ésto y se me ocurre otro...Hoy pondrè mi cabeza en el horno, esta vez no en el feeezer.
Ya se sabe, los humanos tendemos a relacionarnos y a que nos guste siempre el mismo prototipo de personas que, curiosamente, a veces nosotros mismos reconocemos que no son la más adecuadas.
¡Tal vez haya más suerte la próxima vez!. Y si no, piensa que por lo menos, tu mala suerte sirve para que los demás disfrutemos de tu escritura!
Un saludo.
anamorgana
Saludos!!!
muy bueno.
besos
lo volveré a leer^^
saludos
Sin embargo, qué bien que cuenta usted sus aventuras y desventuras!!! Un relato minucioso y magistral.
Cariños.
Pero sin duda algo de tí se ha quedado dentro, aparte de flujos y fluídos que desaparecerán tarde o temprano.
En el fondo, compartir despertar con una persona en la misma cama es grabarse un poco de ella en el alma.
O así quiero verlo yo, aunque tal vez sea que tengo el día cursi.
Un abrazo cargado de admiración, como no podría ser de otra manera ante el autor de semejante cóctel molotov de sentimientos
Puede ser muy bueno, por mucho tiempo.
Besos cocinados
A.
Explica ud. de manera científica mi texto, querida Sarah. A leguas se nota su vocación intelectual. A tal punto llega, que da razón a la pasión. Abrazos.
Tomaré sus consejos amigo Nickjoel, prométole no serán palabras al viento, ni perlas para los cerdos. Ninguna legión habita en mí. Bendígale Dios a ud. también, a mí ya lo hizo, se lo aseguro. Salúdole.
de las coincidencias anímicas referidas por ud. querida amiga L., me había fijado desde hace mucho. Afinidad artística llámanle los más atrevidos. Por eso, tiene en mí, el lector más persistente. Salúdole afectuoso.
eso me pasa por fijarme en los amores nómadas. Que se vaya esa mujer y se lleve este músculo sano, que ya no necesita amor. Late alimentado por otras cosas! mas le aseguro, querida Elisa que no entiendo bien qué son. Abrazos.
ha dicho, querida amiga anamorgana una gran verdad que define la interacción con fines sentimentales: la fijación por un tipo de persona, acaba con las posibilidades. Es tan obvio, mas a la vez, tan difícil de entender! paciencia, pídome. Salúdole, con cariño.
que sirvan de despertador mis palabras, para sentimientos en plena modorra, me alegra muchísimo, querida Fiamma. Contento me deja! Agradézcole.
es un cuadro de formas sobresalientes, es cierto amiga Cecy. Y con respecto al texto, muchas gracias. Agradézcole, con sinceridad.
tiene ud. un estilo humorístico muy propio, magnífica anna. En términos de blog me divierte.
oh sí, Quillén. Y no quiero, por falaz que resulta, culpar al género. Esperanza me queda. Cuando vendrá? Admírole.
Grabado todo me ha dejado esta Ruth! se lo confieso venciendo el pudor, amiga Xanela. Cuídese ud. Apréciole.
Salúdole con besos confundidos.
saty : 9
Un saludo, me ha encantado leer tu maravilloso derrame...
El adios para Eva.
Elías como el "best friend".
Adan acusado de pecador de segunda.
Ruth.... entra en la escena.
Espero seguirte el hilo y esforzarme mucho por entender tus maravillosas letras.
Azúcaaaaaaaaaa!!
¡Qué bien escribes!
Esta historia te muestra vulnerable, preso de tus deseos, volcando en Ruth una necesidad infinita de que sea ella... y ella me parece despiadada, malvada contigo, a pesar de haberte dado toda "esa noche", percibo cierta indefención de tu parte.
Tú no eres básico. ¿No te estarás rindiendo muy temprano? ¿No estás buscando donde ya sabes que no vas a encontrar?
Saludos, querido.
me provocaste ganas de recordar su olor, que nunca tuve en mi cuerpo, de perderme en la tibieza de sus besos que no le dieron su calor a mi cuerpo...
Hasta cierto vacio he sentido, pero recuerdo que estuvo a mi lado esta mañana y elñ vacio se aleja...
un Abrazo Prado, ojala esa mujer sienta como tu la necesidad de verte envejecer
saludos
Abrazos, Aviador.
Iris
dios lo bendiga siempre
un abrazo compañero de letras
no recomiendo reencuentros, siempre terminan mal... si todo estuviera bien, no sería un reencuentro sino un encuentro permanente todas las mañanas, sin que sea rutinario o asqueante...
me llegás! esta vez le pusiste vos música de fondo al asunto...
rebe
Cómo me ha gustado!
Me lo he leído como sin querer.
Voy a seguir bajando por tu pantalla.
Buenos días!
Que tu gripe existencial se cure, que esa naúsea Sartreana se evapore al solo lentamente, que esos vapores te sirvan para vaciarte en textos intangibles como este, que tanta pasión y poesía no pueden pasar desapercibidas.
salu2
me encanta tu blog, y es definitivamente para compartir, asi que te estoy agregando al mio!!!
besos!
Saludos.
Agradecido, anacrónica amiga Sine Die. Resucita, dice. Llamaré a Lázaro para saber más. Mándole abrazos.
Que sea lo que es, entonces, amigo Stein. No exageré.
No dudo que entienda a la perfección, amiga Filistea. Mas le ruego no pierda tanto esfuerzo, éste es sólo un esfuerzo lúdico de la nada. Mándole besos.
Nada de rendiciones, señora B. Me han dicho que el que busca encuentra! y yo busco, no sé qué, pero busco. Mándole abrazos.
Y qué es la verdad, Vesania querida? despreocúpese. entiéndame. regáleme paciencia. Mándole besos.
Vania: felicidad me dan sus comentarios, agradézcoselos. Salúdola.
Haga ud. lo propio entonces, amigo Dilema. Hágalo ya!
Nah!
(interjección emanada de este servidor en ocasión del comentario de su amiga Prosódica a quien le mandó abrazos, también)
No me importa que su majestuosa presencia circule por el blog. Al contrario, Rey Mono, paséese ud. por aquí. Salúdole.
Agradézcole el uso de estos dos adjetivos, querida Iris. Cuídese ud.
ídem, Nickjoel.
ah sí, querida Rebeka. Madame Simone nos ha hecho el favor. Agradézcole venir y comentar. Apréciole.
buenos días también para ud. angelmartinair. Pase ud. Bienvenido/a.
Gracias muchas, celestial colega. Salúdeme a los demás entes celestiales.
que conspire entonces el universo! lo conjuro ya! agradézcole la fórumula, querida Anadaluzz, a cambio, mándole besos. Humildes, por demás.
Agradézcole la adición a su blog, y sus amables palabras Renata.Apréciole.
DESPÍDOME YA, SÁBADO, DÍA DE DESCANSO LABORAL.
Un placer tenerte de nuevo lector y que me hayas conducido a tu cama, digo a tu blog, mmmmmmmmm, mejor me doy una ducha de agua fría, jajaja.
(pero volveré)
Adri.
anamorgana
Un saludo.
besos
Al contrario que Quillén, pienso que sí tiene Ud. suerte con las mujeres, porque vuelven, aunque sea con dos horas de retraso, porque le devuelven al perfume ansiado, y luego se van, única garantía de que se produzca un nuevo milagro primaveral. Las mujeres, cuando se quedan, se quedan demasiado, y todo lo invaden, como una hiedra que ahoga cada centímetro cuadrado. No juegue con su suerte amigo , no vuelva a pedirle que se quede, porque si lo hace, y ella acepta, jamás volverá.