15.12.09

Casa

Crucé la calle. De reojo pude ver a los policías apostados en ambas aceras, impidiendo con barreras metálicas el paso hacia el Palacio Nacional. Días antes vi como desalojaban con agua y palos a algunos sindicalistas que llevaban instalados en el parque central poco más de un año.
Levantaron casas hechas con pilares de madera y techos de lámina y plástico. Luego le alquilaron la casa a las putas que trabajan en las bancas del parque, bajo las sombra de los raquíticos árboles que sobreviven. Lo sé porque escuché el gemido de las mujeres cuando pasaba al lado de la construcción.
Ese día, toda la gente se acumuló alrededor del desalojo. Los mirones estábamos en silencio. Ahora lo recuerdo cuando veo las nubes estáticas resistiendo las ráfagas de viento frío.
Tengo que inclinar brevemente el cuerpo para seguir avanzando. La sombra del Palacio empieza a cubrirme. Al entrar plenamente en ella, distingo una figura conocida: el pelo absolutamente alborotado por el viento. Largos rizos sin peinar desde hacía mucho. Una espesa barba que le hace ver, junto al pelo, como un cavernícola. El sobretodo amarillo pálido, la corbata, la camisa blanca. El pantalón café. Todo limpio. Es Fernando, le conozco porque trabajamos en la misma institución hace siete años.
Se encargaba de administrar los viáticos y algunas compras menores. Luego comenzó a tener un comportamiento errático. Hablaba en inglés, según él, pero sólo imitaba el acento de un estadounidense masticando el español. Solía abandonar su puesto durante largos períodos de tiempo. Nadie sabía a dónde iba.
Fernando ahora es un indigente, pero con estilo. Renunció y no se sabe con exactitud qué es lo que hace. Con varios colegas, le hemos encontrado vagando en las recepciones y cócteles. Ahora dice que es el Doctor Fernando Tolstoi, y habla como si fuera ruso. Lo hace para comer gratis en los banquetes. No es el único, otros ex colegas han tenido que tratarse luego de trabajar con criminales. Uno de los médicos tiene alucinaciones con las víctimas de homicidio. Otro abogado, alucinaciones paranoicas con su madre muerta.
Fernando pasa a mi lado, me mira de reojo y sigue caminando. Quizá lleva prisa para llegar puntual a su cita en el Palacio. Tiene que comer. Yo continúo contra el viento.
Un viejo temor aparece y me recuerda su existencia. De niño, miraba con fascinación a los vagos. Les temía, creía que mi destino era convertirme en uno. Ya terminando la adolescencia, supe que aquello no podría ser.
Los vagos son sucios y yo no soporto la mugre. En realidad no es la suciedad lo que me desespera sino la comezón. Rascarse es algo tan placentero y doloroso a la vez. Dejaría de pensar y me rascaría todo el día. En fin, no, nunca seré un vago y si voy a convertirme en uno, quizá sea como Fernando. Yo sería el Doctor Praduski. Expulsado de Francia por chaparro y de Italia por triste. Un apátrida.
La fantasía me consume cuando cruzo la siguiente esquina. Me detengo. Pienso en el trasfondo de esto. En Pessoa que acaba de noquearme en el primer round con su Tabaquería. En el nudo que llevo en la garganta desde hace ocho cuadras. En las mudanzas, lo triste que son las mudanzas cuando ves tu vida pasar en los hombros de cargadores que ignoran cuánto te hizo feliz una cama.
En cada casa donde viví, se quedó guardado un enorme trozo de mi vida. Y si todavía ningún bien aparece registrado a mi nombre, es porque yo me niego a tener una casa, a construir una.
Lo que yo quiero es imaginarme un hogar, porque esa sería la única forma en que podría habitarlo.
Paso la calle, llego al restaurante. Tengo hambre. También una lágrima que detengo con todas las fuerzas que me quedan.

14 comentarios:

El Vigilante dijo...

Pobres cuates. Nadie los quiere. Mi fobia es a los alcohólicos. Los indigentes creo que es lo más cercano a un alma que puede tener cualquiera.

DIANA dijo...

Prado..me has dejado con un nudo en la garganta...
yo no tengo nada, ni casa, ni hogar...quiza nunca lo tenga...
Habrá en este mundo alguien destinado para mi?

Besos a traves de la distancia...

Vania Vargas dijo...

Somos habitantes de la realidad y el sueño. Ese movimiento entre ambos es el que nos salva. Gran personaje Fernando. Un gran narrador usted.

David Lepe dijo...

Estoy como vos en la búsqueda.

Miss Trudy dijo...

Anoche, al regresar de la misa de 9 dias de mi madre, pasamos en carro frente al Palacio Nacional y en el parque, apostados de ambos lados de un grupusculo patetico de como 10 pelones con carteles, habian sendos pelotones de anti-motines armados hasta los dientes. Como 50 de cada lado. Era entre triste y divertido. Yo a veces platico con los policias anti-motines. Siempre suenan hastiados ... en fin, todos tenemos que sobrevivir. Fernando para sobrevivir quizas necesita su mundo de suenos grandiosos ...

Nancy dijo...

Hoy vine a premiar tu blog... no encuentro nunca palabras para decir lo mucho que me gusta leerte. No sé qué piensas de los premios, pero igual te dejo la información en mi blog. Apapachos

Fabrizio Rivera dijo...

Grandote Dr. Pradosky!

pude ver la escena, vi la barba crecida del Fernando, entendí su vida y tu trauma hacia los vagos, simplemente fabuloso.

Me quito el sombrero. Mismo efecto que causa Pessoa en vos... los que leemos tus lineas: Nockout.

Salu!

Rosa Sánchez dijo...

Hola, pasaba por aquí para dejarte un saludín y decirte que me ha llamado la atención el título del blog porque tengo constancia que Dios no se ha ido, está aquí, al lado nuestro... De verdad, amigo.
Un abrazote grandote.

Prado dijo...

Hermano Allan, tiene usted la razón consigo. Brindemos.

Diana, cuando uno no tiene un hogar, cualquier sitio es su casa. ASí que es mejor. Un abrazo.

Vania, gracias. De verdad. La admiro.

Hermano David, creo que buscamos algo que nunca encontraremos. Eso es hermoso.

Trudy: los policías antimotines son intersantísimos. Tienen vidas a medias, por los turnos largos que cubren. Pasan más en la calle que en casa, son indigentes de medio tiempo. Un abrazo.

Gracias Nancy por el premio. De verdad, muchas gracias.

Gracias Fabrizio. Si alguna vez veo a Fernando de nuevo, me permitiré enviarle saludos de tu parte.

Rosa, bienvenida. Gracias por los saludos y los abrazos. Sé que Dios no se ha ido. Aunque yo no tengo constancia. Esa sensación de abandono, nunca te da a ti? a mí si. Y los evangelistas lo retrataron tan bien con el Eloí Eloí Lama Sabactaní. Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado? En palabras del mismo Cristo, siendo profundamente humano.
Saludos y va de vuelta el Abrazo.

Issa dijo...

No entiendo este mundo cuando veo indigentes sonreír bajo esa situaciones precarias... Mientras que el mundo en algún punto se desborona en otro se desperdicia...

A do outro lado da xanela dijo...

Ufff...

tanta casa llena en el mundo, y tan vacía de significado.

No envidio a los que tienen casa: me muero de celos por los que tienen hogares.

Beso!

mariomarch dijo...

conozco a Fernando.

a veces señor Prado, un hogar imaginario es un sitio frío y una casa que se niega a ser construida puede ser producto de la imaginación prodigiosa hecha letras... y así hasta el infinito.

Xander dijo...

Este artículo tuyo sirve de advertencia para quienes creen que ser trabajador estatal es para cualquiera.

Si fuera indigente, creo que tampoco podría rendirme a la mugre. Aunque fuera me bañaría todos los días en la fuente de la Plaza Central. Al medio día, porque antes está muy fría el agua.

Engler dijo...

Vagar de casa en casa. No todos los vagos son sucios, lo que si es cierto es que todos son tristes, o somos tristes, o estamos tristes...

Saludos,