5.12.12

Ayer decidí que al llegar a casa iba a correr por la calle que da a nuestros condominios. En ambos extremos hay un bosque y un barranco. Cuando descendí hacia el fondo, sentí que volaba. Y de vuelta, subiendo, en aquella cuesta inclinada, justo al doblar en la curva más pronunciada del trayecto, el sol me estalló en la cara mientras las piernas parecían arder. Yo respiraba como si quisiera tomar el aire del mundo y dejarlo todo en un soplido, como el estallido del sol en una tormenta. Luego subí a casa y salí hacia el bar.

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