3.7.11

Piñata

La mujer se tomaba de ambas manos, como queriendo brindarse consuelo a sí misma. Cuarenta y ocho horas antes, había perdido todo contacto con su hija: una adolescente de dieciséis años que al parecer, se había escapado con su novio. Ambos habían sido vistos por vecinos, días antes de la desaparición. Me interesó ese dato. 
Cuando tienes un caso así, te debe importar todo lo que la víctima hizo los días previos a perderse en la nada. Y esta cría había hecho de todo.
Había noticias de que asaltó una tienda, junto a su novio. Abandonó la escuela, se compró ropa nueva, en casa era una rebelde total. Debes armar una historia, para adivinar el desenlace y así saber dónde está. 
No parecía ser difícil esa vez: bastaría con mandar un par de policías a buscarle en los sitios donde el novio se mantenía. Con presionar en la casa del tipo. Y así fue. Es sólo que la señora, no paraba de llorar. 
No se imagina lo que hemos hecho por nuestra hija, empezó a explicar, le pagamos de todo, incluso una fiesta de quince años, que nos costó un dineral. Somos pobres, pero queríamos darle lo que no tuvimos de niños, lo que también le faltó a mi esposo. De niña yo cargaba costales de café en una finca. ¿Sabe licenciado? Yo nunca tuve una piñata...
La mujer empezó a llorar. Lo hacía de tal manera que yo podía verla tras los barrotes de una cerca, en cualquier casa, la tarde soleada de un sábado, admirando la fiesta: niños envueltos en carcajadas, repartiéndose los dulces, en un evento donde ella siempre sería invisible y sus manos permanecerían vacías. Como si estuviera frente a mí esa niña; como si la señora aún tuviera frente así toda la alegría y  no la pudiera tomar.
Esperé a que se calmara y luego le expliqué lo que haría. Cinco horas después su hija estaba con ella. Estaba bien; sólo bastante confundida. 
Yo no pude dejar de pensar en la historia de la piñata. Aquella noche en casa, abrí una cerveza y me senté en el balcón.
Y también lloré por mis manos extendidas, esperando todavía a tomar toda la belleza que no he podido tener. 

11 comentarios:

Ana González Ewens dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ana González Ewens dijo...

Hmmm....sin palbras y con ganas de extender las manos, me dejaste...

Ana González Ewens dijo...

sin palabras....(lo borré y volví a cometer el mismo error....bueno, éso no es de extrañar...

Miss Trudy dijo...

Pero a la doña le tocó aún peor por que le robaron sus sueños dos veces. De pequeña, por que nunca tuvo piñata, y alumbrando a sus años de vejez, por que su hija no iba a querer recibirle todo lo que ella soñó para ella. Como siempre una historia que escrita de tal manera que una también la siente, y se queda una re triste también. Todo tenemos que aprender a vivir con sueños que nunca se realizarán.

PJ dijo...

brutal prado! parabens!

David Lepe dijo...

felicidad dentro de una piñata, y afuera también. muy bueno

Carlos Córdova dijo...

Muy buenos noches, soy estudiante de la UFM y estoy interesado en poder contactar a la persona que publica y administra este Blog.

Me parece muy bueno :)

Carlos Córdova
ccordova@ufm.edu

LaCiEgakEtoMafoToS dijo...

Estrujado...
ayer fue la primer piñata de Andrés...

Anna Cosenza dijo...

Buenísimo vos. Que genial es leerte.

.: arte-sano :. dijo...

barbaro!

Yuri Taikatsu dijo...

Cabe acotar que el "no me gustó" fue porque duele :'( no porque sea malo, ni nada por el estilo (más bien lo contrario si puedes hacer que a alguien se le vuelva pasita el corazón)