11.1.09

farewell, nocturnos

Miro el calendario dispuesto sobre el escritorio. Es tan sólo un cúmulo de hojas con números y no la advertencia del tiempo. Huele a nuevo y su tinta negra me dice que ya van cuatro días desde que volví a mi oficina. Miro la pantalla del ordenador una y otra vez reconociéndola. Luego paso la misma revisión a la engrapadora, el perforador, los lapiceros. Un mes fuera y no recuerdo prácticamente nada. Sólo el nimio y triste monto de ese cheque con mi nombre impreso pero que en realidad pertenece a mis acreedores y alimentistas. Frente a mi escritorio, hay una silla de plástico gris. En ella, una señora de pies sucios llora. Me cuenta cómo le han robado su vida. También llora de felicidad. Me cuenta cómo la recuperó. Vuelvo al ordenador. Escribo. Pienso en las noches de diciembre. En esas noches cercanas a la navidad cuando el supermercado abría las veinticuatro horas del día. ¿Quién diablos va a un supermercado a las tres de la mañana? pensé, cuando vi por primera vez el anuncio, y, ¿qué diablos compran?
Días después estaba allí comprando hielo, un bote de cloro, sopas instantáneas y atún a las dos cincuenta y tres de la mañana. Y mientras pasaban los artículos en la caja registradora, sentí que el cajero era el único tipo que me entendía en el mundo. La mirada vidriosa sobre el teclado de la caja y las manos manchadas de tinta. La música, la terrible música del supermercado. Las lámparas de luz blanca y la magnífica paleta de colores de las latas de melocotones y piñas en almíbar. Los anaqueles de alcohol cerrados por la ley seca. Todo un universo de color y melancolía.
En la víspera de la navidad también pasé a buscar un regalo que había olvidado comprar. Era para el cumpleaños de una vecina. Entre los pasillos del mall, transitaba una marea humana, maloliente y pegajosa. Allí encontré entre la multitud, un puesto de masajes. Consistía en una cama y un rótulo con los precios. Y la masajista, obvio. Sobre la cama había un enano acostado recibiendo un masaje. Me pareció como si lo hubiera pintado un moderno Velásquez. Sus pequeños dedos se retorcían de la felicidad mientras la masajista hundía los suyos en su microespalda y los minihombros del sujeto. Yo sentí envidia. Luego compré el regalo que minutos después terminaría en la basura de mi vecindad.
Ya todo se acabó. Volví a la oficina. La señora ha parado de llorar. Yo he terminado de escribir. Miro sus pies cuando se va. Están llenos de polvo. Me pongo de pie para despedirme. Luego, me siento y vuelvo al calendario. Este año cumplo treinta años. Miro atrás y sé que mi vida ha sido intensa. Que no tengo idea de qué va a pasar cada uno de los días que vienen.
A veces me siento como un vehículo del destino. Sé que el destino es un maldito conductor ciego que me quiere destruir. O glorificar. Quién sabe. Es contingente el destino. Eso, me lo explico luego, cuando termine de examinar el monitor, la engrapadora, el perforador. Y sienta nostalgia de las noches acompañado de los tristes trabajadores del supermercado.
Del cloro y de las sopas instantáneas.

22 comentarios:

SuB-UrBaNa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
RosaMaría dijo...

Qué maravillosa descripción, te felicito. Y ese calendario con el día de tu cumple y el del mío y el de todos, inexorable e impredecible. Es una gran reflexión. Que tengas un buen cumple, el redondeo asusta pero después sale redondito de bueno y placentero, así te lo deseo.

GreGre dijo...

a las dos cincuenta y tres?? entonces nos cruzamos en la góndola del atún

maalexandra dijo...

yo me pierdo siempre en los supermercados.

los comienzos de año siempre conllevan el meditar acerca del paso del tiempo.

por cierto, que puedo tomar como idem?¿?¿

saludos.

Alexxx dijo...

que buen relato!

El Dilema dijo...

Grande prado...

Abril dijo...

Yo llegue casi al 9 de enero sin colocar el bendito calendario en la oficina. De no ser porque necesitaba una fecha si no ni lo hubiese puesto..... en fin, no podre seguir negandome al 2009.

Sabes que es lo bueno de ir al super a esa hora... que no esta todo ese mundo de gente que los invade para esas fechas.

Saludos y bueno yo casi me despido de los 20´s en este año.

Quillén dijo...

Muy bueno Prado, como siempre. Tu post anterior también... pero no comenté... no sabía qué decir. ¿Puede ser que tus ficciones sean cada día más reales? Si es así, como lo sospecho, no me gusta que te sientas así, "para atrás" como decimos nosotros.
Espero que este 2009 te encuentre escribiendo poemas de amor para Diciembre, o lo que sea que te haga feliz.
Cariños

Nancy dijo...

Me gusta ese ir y venir en el tiempo. Las reflexiones ante una mujer que llora y que celebra. La vida casi siempre es así de absurda. Ah, qué observador, no sabía que pusieran música en el súper. Feliz año.

A do outro lado da xanela dijo...

¿Y quién quiere saber lo que le espera el resto de los días de su vida? Esa sería la peor y más agobiante de las rutinas...

Yo, por lo menos, espero sorpresas: sé que las habrá malas, pero confío también en las buenas.

Beso!

Johan Bush Walls dijo...

Cuesta arrancar el año, por lo que veo.

Pero arranca, se siente.

Salú pue.

David Samayoa dijo...

Jajajaja... yo ayer puse mi calendario, por arreglar clavos con fecha 2008...

En fin... el espejismo ha terminado, regresamos junto a Alicia del pais de las maravillas ... la realidad pintada de nuestros ojos toma su lugar...

More Baker dijo...

mmmmmm, es verdad que la vida puede resultar muchas veces así de vacía... pero tú, ¿no estarás ya entregado?
Besos.
Narrativamente perfecto tu texto.

El Aguafiestas dijo...

Qué nivel de flashback tuviste... para un cortometraje está fabuloso.

F.L dijo...

hola me encantaria poder enlazarte a mi blog lanavedelostorpes.blogspot.com

Espero tu visita y respueta, gracias

Igual a todos los interesad@s hay espacio suficiente.

Miss Penny Lane dijo...

el paso del tiempo se me hace más jodido si lo mido por minutos, horas o días....

Prado dijo...

salud.

Oswaldo J. Hernández dijo...

Los estímulos de un patético samsara forzado. El nuestro, el curro, vomitarse y repetirse en la realidad.
Eso de andar regresando...

Saludos.

LA GUERA RODRIGUEZ dijo...

Estimado Prado:

Me gusta la forma como enlazas lo cotidiano y lo reflejas desde un punto de vista tan personal...

Apenas 30 años?...enhorabuena!..hay tantas cosas aun por hacer, por descubrir, por experimentar...mira que yo, a mi edad, recien empiezo una nueva oportunidad de una nueva vida.

Abrazo

Diana

Cherrycola dijo...

leer esto me hace sentir bien, yo pensaba q era la unica q sentia este tipo de cosas ahora q he llegado a los treinta!!!

Xiomara dijo...

Prado: Es una apasionante descripción del desconsuelo. Oprime el corazón de quien la lee. Felicidades, es usted un gran escritor (los grandes escritores no tienen edad).

Y gracias por su comentario en mi blog.

Besos

More Baker dijo...

Querido, qué te has hecho? Perdido en los días del calendario?
Besos